martes, 23 de octubre de 2007

NUEVO TRATADO PARA LA VIEJA EUROPA


...Y ahora El Tratado de Lisboa
Rodolfo Menéndez M.

Los veintisiete jefes de gobierno de la Unión Europea llegaron finalmente a un acuerdo durante su reunión en Lisboa el pasado 18 de octubre con relación a un nuevo tratado que permitirá en teoría mejorar el funcionamiento de las instituciones europeas. Este acuerdo representa un paso hacia delante en la consolidación de la Unión después de los dos pasos hacia atrás que se dieron en la primavera del 2005 luego de que en sendos procesos de referéndum, franceses y holandeses votaron cada uno por su lado, en contra del proyecto para dotar al grupo de naciones de una Constitución política que había sido previamente aprobada por los jefes de gobierno y que no pudo ser por tanto ratificada en virtud de la unanimidad nacional requerida.

Las cosas ahora parecen distintas. Es claro que el nuevo proyecto, el acordado ahora en Lisboa, es un proyecto “light”. Ya no se habla de “Constitución Política” ni el alcance de los acuerdos es remotamente parecido a lo que se previó anteriormente. Para ponerlo en boca del ministro portugués de asuntos exteriores que presidió la reunión, “el nuevo acuerdo no es el ideal pero si el posible en las circunstancias actuales” y se ha dado después de un proceso de negociación sumamente difícil. La verdad es que se trata aparentemente de un acuerdo reformador de los Tratados previos y por tanto su lectura e interpretación se vuelve cosa de expertos. A diferencia del fracasado proyecto Constitucional que era legible y comprensible por si mismo.

Este hecho hace que los gobiernos no vayan siquiera intentar una aprobación abierta de los ciudadanos europeos sino que, con la sola excepción de Irlanda que sí recurrirá al referéndum por requisito de su propia Constitución, van a buscar la ratificación necesaria a nivel de los parlamentos, lo cual resulta obviamente más sencillo políticamente. Y esto lo quieren lograr los jefes de estado europeos en el menor tiempo posible para evitar que su nuevo acuerdo vuelva a “hacer agua”. Hay una verdadera urgencia de los dirigentes por evitar querellas e interpretaciones indeseables del nuevo texto. Por algo será. La firma definitiva se hará por parte de los dirigentes respectivos el próximo mes de diciembre. A partir de ahí se pretenderá lograr las ratificaciones necesarias a marchas forzadas durante el 2008 a fin de que este nuevo Tratado entre en vigor a principios del 2009.

La intención fundamental del acuerdo de Lisboa, se dice, es lograr una mayor gobernabilidad de la Unión. Después de que la comunidad fue ampliada a los 27 países que hoy la constituyen una vez que se aprobó el ingreso en los años 2004 y 2007 de las tres naciones del Báltico, de las de Europa Central ya incluyendo a Rumania y Bulgaria y de las dos insulares, Malta y Chipre. Y sí, parece cierto que el tratado implica un avance hacia la consolidación institucional de la Unión aunque más lento y menos ambicioso que el previsto y deseado en Niza.

Por un lado se hace notar que el nuevo sistema de voto aprobado tiende a establecer un mejor equilibrio entre los pequeños y los grandes países de Europa. También mejora el concepto del derecho de veto o de bloqueo de las iniciativas europeas que entraría en vigor a partir del 2014 mediante el criterio de la doble mayoría que requerirá el apoyo del 55% de los estados miembros pero que deberá sumar también el 65% de la población de toda la Unión.

Por otro lado el tratado favorece la adopción de políticas comunes en dos aspectos fundamentales de la vida comunitaria, las relaciones exteriores y la seguridad interior. En este orden de ideas se refuerza la acción del hoy denominado “Alto Representante” que encabeza las relaciones con el exterior dándole una mayor influencia y jerarquía en el seno del órgano supremo de gobierno. Asimismo, la presidencia del Consejo Europeo deja de ser rotatoria y por sólo seis meses, para pasar a ser ocupada por una sola persona durante dos años y medio renovables por otro período igual. Hay ya, por cierto, dos candidatos visibles para ocupar esta Presidencia: de un lado Jean Claude Juncker, Primer Ministro de Luxemburgo y por el otro Tony Blair ex primer ministro del Reino Unido y "el más europeísta de los británicos", según el Presidente de Francia, Nicolás Sarkozy.

Otro aspecto importante ha sido la aceptación de que la Carta de los Derechos Fundamentales de los Ciudadanos sea de aplicación general en todos los estados, salvo el caso del Reino Unido que una vez más mantuvo su distancia respecto de las instituciones europeas, al no aceptar, en este caso, la imposición del derecho de huelga. Y aquí hay que señalar que los británicos también se reservaron la posibilidad de rechazar, llegado el caso, algunas políticas comunitarias que tengan que ver con la cooperación judicial y policíaca.

Pero aún con estos bemoles sostenidos por los de la pérfida Albión en franca consistencia con su política euro-escéptica de siempre, el conjunto de los acuerdos, incluyendo la nueva distribución de los 751 escaños del Parlamento europeo que terminó favoreciendo a España y a Italia, parecieron satisfacer a todos los Jefes de Estado o de Gobierno reunidos, que se regocijaron abiertamente de su logro según refieren los periódicos europeos. Lo cierto, me parece, es que una vez más la Europa, la vieja Europa, nos da lecciones de su alta capacidad de negociación y nos muestra su voluntad comunitaria que bien podríamos utilizar los latino americanos para nuestras propias causas.

Queda claro que el camino por avanzar en el desarrollo de esta aventura integracionista y eminentemente humana que sigue la forja de la unidad básica entre cerca de 500 millones de seres, es todavía largo y sinuoso pero el avance que hoy se anuncia está a la vista y desde el ángulo de los que no queremos estar alineados debemos aplaudirlo, toda vez que representa el mejor y más vigoroso esfuerzo para contrarrestar la unipolaridad vigente y la odiosa hegemonía estadounidense que a todos quiere subyugar.


"La familia europea en Portugal"