jueves, 8 de junio de 2006

Invitación...

INVITACION AL AMIGO EN SUS SESENTA

Por : Rodolfo Menéndez y Menéndez

Lo que pude yo haber dicho, dices tú hoy de la muerte.
Dices de la muerte lo que sientes, lo que siento.
Esta visión del camino del ocaso
Nos propone a los dos una aventura.

Nos coloca tomados de la mano,
No sólo porque pienso lo que piensas,
Sino porque siento lo que sientes.
Ya habremos de saberlo, falta poco,

Si la parca nos mira como a ella la miramos.
Si es así de ruda, o si es más dócil.
Ya habremos de saberlo, falta poco.

Yo te invito a que juntos recorramos
El trecho tan pequeño que nos falta
Para llegarnos al ocaso del camino.

R. Menéndez
Mérida Yuc., octubre 2002

lunes, 5 de junio de 2006

En el camino del ocaso...

Por: Juan Duch Gary

En el camino del ocaso
la muerte nos depara ausencias infranqueables.

Antes de ser, lo que se dice, viejos,
vemos seguido nuestra propia muerte
entre los sueños, la acariciamos despiertos,
platicamos con ella, la cercamos,
pensamos en los tonos grisáceos de su rostro,
en las amarillentas costras de sus manos,
en sus uñas verdosas, en su cabello hirsuto,
en el vacío profundo de sus ojos sin fondo,
en la clave sin huella de sus pasos sin tiempo.

A veces, consideramos la muerte
de alguien muy querido y nos imaginamos
cómo enfrentó la soledad de ese momento
en que el hombre está a un paso de no serlo
y sin embargo sigue siéndolo.

Cómo vivió el suceso que no tiene sucesión
sino pasado. Con qué mirada miró
la magnitud del cóncavo universo sin luz
que lo esperaba.

A veces, pensamos en la muerte que ronda
nuestra ruta y alcanza, al azar, a algún amigo.
Lloramos, rabiamos, blasfemamos
en contra del destino. Y el vivir sin embargo
nos va dando consuelo, lentamente,
sin prisa y sin descanso.

A veces estamos más solos que el ocaso.
Pero en la edad de la entereza,
en esta edad incontenible
que aplaca nuestras fuerzas
y nos irradia calma, placidez, mesura.
En esta edad del conformismo sin contornos,
de la radiante lucidez sin sueño.

En esta edad de todas las edades,
tendemos a mirar hacia adelante
y poco a poco vemos, constatamos,
cómo se desvanecen las figuras
que marchaban abriéndonos camino,
abriendo los postigos del tiempo ante nosotros,
haciéndonos más fácil el trayecto.

Cómo se van diezmando los abuelos,
los viejos, los ancestros.
Cómo sus cuerpos se fueron transformando
en pensamientos, en sueños, en recuerdos
arrinconados en el último cajón de la memoria,
dispuestos a seguir por siempre a nuestro lado.

Cómo sus espíritus se volvieron palabras, enseñanzas.
Cómo sus personas se nos convirtieron
en símbolos, espejos, arquetipos.
Cómo sus nombres se nos volvieron huertos.

Es el momento justo en que la muerte,
ya sin pudor, sin miedos ni misterios,
nos muestra el transcurrir de las ausencias,
la perspectiva de la concavidad sin término.

Y poco a poco vemos, constatamos,
que vamos quedándonos muy solos.
Más solos que el ocaso. Más solos
que el mar dormido en sus costados.
Y entonces nos invade la nostalgia.

Y entonces nos invade la nostalgia.

Coatzacoalcos, Veracruz, octubre de 2002

lunes, 24 de abril de 2006

Fibra de henequén secándose al sol.

Fotografía de un secador solar de fibra de henequén en Yucatán, México.

Este método industrial para secar la fibra del henequén, una vez desfibrada la penca de la planta, es usado aún en la actualidad por su bajo costo y la calidad del producto que se obtiene.


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martes, 17 de enero de 2006

Gral. Cárdenas y Diputado MA Menéndez



1 de septiembre de 1939. Presidente Lázaro Cárdenas saliendo de su informe de gobierno acompañado del Diputado Miguel Angel Menéndez, Presidente del H. Congreso de la Unión.

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domingo, 15 de enero de 2006

Dulce María Sauri recibiendo al Papa.



Dulce María Sauri y su Santidad el Papa Juan Pablo II
13 de agosto 1993

Fotografía de Darío (Fotógrafo) 13.08.93 Empleada en campaña política y varias publicaciones: Por Esto!, Artículo 7, etc. (Referida por José Luis Sierra Villarreal)


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sábado, 14 de enero de 2006

Miguel Angel Menéndez Reyes. Fotofrafía del 68.



Miguel Ángel Menéndez Reyes
Foto 1968, Odontología 5
Oscar Menéndez (Comvaser)
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martes, 10 de enero de 2006

Miopía de la clase política

La miopía de nuestra clase política

Rodolfo Menéndez y Menéndez


A nadie debería extrañar el panorama de desolación que presentan ciertos sectores de nuestra economía como el sector manufacturero y muy particularmente la industria de las maquiladoras. Más de 500 empresas de este tipo (12 en Yucatán, dice el reciente reportaje de Por Esto!) han cerrado en lo que va del año. El número de empleos perdidos en el país, sólo por este concepto, se acerca a los setecientos mil y la cifra seguramente crecerá durante el último cuatrimestre del 2002.

Hay muchos factores que influyen en este resultado, desastroso para muchas familias mexicanas. Desde luego la severa contracción de la economía de nuestros vecinos del norte desde temprano el año pasado, aún antes de los acontecimientos del 11 de septiembre cuyo primer aniversario ahora se cumple, ha influido de manera evidente en esta declinación de una industria que en su gran mayoría está destinada a exportar bienes hacia los Estados Unidos.

El ingreso de la China a la OMC (Organización Mundial del Comercio) y la vocación exportadora de esta nación, aprovechando las características de su mano de obra, ha generado un nuevo y colosal competidor para nuestros productos manufacturados. Esto ha tenido el efecto de quitarle a México parte de sus mercados en el exterior al mismo tiempo que nos ha restado atractivo como destino de inversiones foráneas, a pesar de las ventajas geográficas que tenemos con relación al mercado norteamericano.

Pero no solamente hay razones externas contra las que poco o nada puede México para defender su industria. Hay también causas endógenas que están contribuyendo a este deterioro. La verdad es que México ha perdido competitividad con respecto a otras naciones por “méritos” propios. No me refiero a nuestra revalorada moneda, al súper peso, que afecta negativamente nuestras posibilidades exportadoras y que ha contribuido a la pérdida de dinamismo de nuestras ventas en el extranjero. Soy de los que piensan que el crecimiento sustentable de nuestro comercio exterior no debe fundarse en el valor relativo de nuestra divisa con relación a las de nuestros socios comerciales.

No, lo grave del caso es que nuestro país ha ido perdiendo competitividad por su incapacidad para mejorar la productividad de nuestra industria. Esta productividad es la que nos permite mejorar el aprovechamiento de las inversiones y de la mano de obra empleada para fabricar los bienes que vendemos tanto adentro como afuera de nuestro territorio.

Más aún, en los últimos cinco años la industria mexicana no solamente ha sido incapaz de mejorar su productividad sino que la ha venido perdiendo restándole competitividad a nuestros productos y haciendo menos atractiva la inversión de capital. Al disminuir las tasas de ganancia al mismo ritmo que la productividad, la rentabilidad de las inversiones en nuestro país ha perdido atractivo para los inversionistas quienes simplemente buscan mejores oportunidades para sus recursos. Es la lógica del mercado.

Se me dirá que la industria maquiladora representa un capital efímero, “golondrino” le llaman despectivamente, que no es la vía más deseable para desarrollar nuestro potencial industrial, ni la más atractiva por cuanto a sus efectos multiplicadores en la economía del país. Esto es parcialmente cierto. Pero no hay duda que las empresas de este tipo aportan de manera inmediata un gran caudal de empleos que tonifican a la economía, que contribuyen a la estabilidad social y que son instrumento efectivo para distribuir riqueza. Del mismo modo las maquiladoras crean cultura industrial y son precursoras de empresas más desarrolladas y de mayor aporte al desarrollo económico.

El punto en cuestión es que este segmento industrial ahora aparece como uno de los grandes focos rojos de la economía nacional y atrae la atención hacia un aspecto crítico de nuestro presente: La incapacidad para generar empleos productivos y para avanzar en nuestro propósito de crear bienestar para más mexicanos.

Debemos preguntarnos si estamos haciendo lo necesario para resolver los problemas internos que nos vuelven improductivos, que nos restan competitividad, y que nos quitan atractivo para las inversiones, indispensables para crear los empleos que necesitamos. ¿Tenemos el sistema educativo para mejorar nuestras capacidades? ¿Está a nuestro alcance la tecnología que requerimos? ¿Contamos con la infraestructura que se requiere para apoyar y fomentar nuestras actividades económicas? ¿Tenemos el marco legal que favorece a la actividad productiva?

Me temo que la respuesta a estas interrogantes es en todos los casos negativa. Y me temo también que nuestros políticos no están contemplando estas prioridades nacionales en la medida en que deberían. Sería el momento para que juntos, el poder Ejecutivo y el Legislativo, actuaran en la dirección y con la celeridad conveniente para resolver estas grandes cuestiones nacionales. Mucho más importante esto que la disputa estéril, por razones partidistas, que estamos presenciando en torno a las reformas estructurales que el país reclama.

Tendríamos que centrar el debate en el interés de las grandes estrategias nacionales y no como parece que está ocurriendo, en torno a los apetitos mezquinos de los partidos políticos, con miras a los procesos electorales del 2003.

La transición democrática de México puede sufrir las consecuencias de esta lamentable miopía de los principales actores de la política nacional. Peor aún, el que sufrirá las consecuencias, como las que hoy ya se advierten deplorables en la industria maquiladora, será el pagano de siempre: el pueblo mexicano ¿Qué hacer para que los señores del poder reconsideren y miren mas allá del corto plazo electoral?