miércoles, 18 de enero de 2017

Otra vez "Vecinos Distantes"




General Francisco Villa al centro; General Álvaro Obregón, izquierda y General John J Pershing , derecha, encontrándose en el Paso, Tejas en 1914. Dos años después, en 1916, Pershing persiguió a Villa porque éste había saqueado la villa de Columbus en Nuevo México. El general Pershing cruzó la frontera mexicana pero nunca pudo atrapar a Villa que se hizo ojo de hormiga. Pershing tuvo que desentenderse de esta persecución ya que su gobierno lo comisionó para dirigir las tropas estadounidenses que cruzaron el Atlántico en la 1a. Guerra Mundial. Así se burló Villa del ejército más poderoso del mundo y de su General en Jefe. Crédito de la fotografía Associated Press. Pie de la fotografía de Rodolfo Menéndez.

Ver reciente artículo de

New York Times. Enrique Krauze, enero 17 de 2017.


viernes, 6 de enero de 2017

México inflamable por Juan Villoro

México inflamable

Juan Villoro
06 Ene. 2017
(Tomado del Diario Reforma)

Luis Videgaray acaba de inscribirse en la escuela más cara de México. Según sus declaraciones, llega a la Secretaría de Relaciones Exteriores a "aprender". Dispone de una beca anual de siete mil y medio millones de pesos para lograrlo. Su aire humilde preocupa como la calma que antecede a la tempestad. Salió del gabinete por la invitación que hizo a Donald Trump durante la campaña del magnate antimexicano. El gesto fue algo más que un error de protocolo. Se le ofreció un coctel margarita a la persona equivocada y se le otorgó estatura de estadista internacional al adversario que acaba de impedir que mil seiscientos millones de dólares se inviertan en la planta de Ford de San Luis Potosí.

El gobierno de Peña Nieto contribuyó de este modo al triunfo de nuestro acérrimo rival. El descrédito instantáneo hizo que el artífice de la iniciativa, Luis Videgaray, fuera removido de la Secretaría de Hacienda, donde llevó a cabo una asfixiante e injusta reforma fiscal. Con toda razón, Claudia Ruiz Massieu, entonces titular de Relaciones Exteriores, se inconformó con una invitación de la que no estaba al tanto y que agraviaba a México. Hoy el responsable del error la sustituye.

La pregunta esencial es: ¿quién gobierna México? La respuesta de Peña Nieto no deja lugar a dudas: Donald Trump.

Vuelvo al aprendiz de canciller. Durante su gestión en Hacienda sometió a persecutorias auditorías a los empresarios que solicitaban importantes devoluciones de impuestos. Regresa con el orgullo herido a un cargo que no merece y que sólo obtiene por las infaustas carambolas de la diosa Fortuna. ¿Cuánto durará la humildad que estrenó el miércoles pasado? Su principal "activo" consiste en su cercanía al enemigo declarado de los mexicanos. El solo hecho de que haya tomado protesta es una ofensa a la soberanía.

La cartera que alguna vez ocupó Alfonso García Robles, Premio Nobel de la Paz por los Tratados de Tlatelolco, queda en manos de un vendedor de seguros más proclive a defender los intereses de una transnacional que los de sus "clientes locales".

Este descenso en la diplomacia coincide con la subida de hasta veinticuatro por ciento en los precios de la gasolina. Peña Nieto utilizó un recurso para saber si el combustible causa un estallido político: encendió un cerillo. Las protestas no se han hecho esperar, acompañadas de condenables actos de vandalismo. Posiblemente, los saqueos a tiendas y gasolineras son respaldados por grupos deseosos de criminalizar el descontento y evitar que surja una oposición más organizada. Los bots alarmistas en Internet apuntan en esa dirección. Pero el principal responsable es el gobierno. Si la ciudadanía se siente despojada, paga con la misma moneda; en esa confusión, el delito es visto como un acto compensatorio.

El alza a la gasolina es el corolario de la desastrosa reforma energética que permite a empresas extranjeras tener control total para la explotación en aguas profundas y de una política equivocada que desmanteló las refinerías, renunció a la petroquímica y permitió la "ordeña" de los recursos. Con el mismo sentido depredador con que Peña Nieto transforma los parques nacionales en "áreas protegidas" en las que se puede invertir comercialmente, los hidrocarburos se han sometido a los caprichos del corto plazo.

Al inicio de los años ochenta México era el cuarto productor mundial de petróleo. El presidente López Portillo anunció que se administraría esa abundancia. Lo que siguió fue la rapiña. Hoy, México cuenta con combustibles para abastecer la demanda de los siguientes cinco días. Es la medida de nuestro fracaso: un país a cinco días de la parálisis.

En enero de 1994, los zapatistas se levantaron en armas para protestar por el rezago de siglos que agobia a los pueblos originarios del país y la pérdida de soberanía que implicaba la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. En enero de 2017 la situación es más grave. El dístico de Ramón López Velarde en "La suave patria" vuelve a ser una llamada de atención: "El niño Dios te escrituró un establo/ y los veneros de petróleo el diablo".

2016 fue el año con más violencia en el país desde que Peña Nieto asumió el poder. Ahora ese polvorín ha sido rociado de gasolina. En el centenario de Juan Rulfo, habitamos El llano en llamas.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Henequenal. Yucatán.




Zona henequenara de Yucatán, México. Cerca de Izamal. Pencas cortadas y atadas, dejadas a la vera del camino listas para ser trasladadas a la desfibradora. En segundo plano, albarrada típica de la región. Al fondo, henequenal con plantas de aproximadamente 10 años de edad. Agroindustria henequenera yucateca.


Fotografia tomada de una publicación del Gobierno Federal mexicano no sujeta a derechos de autor, acreditable a Pedro Tzontémoc y a Christa Cowrie.



Se autoriza la copia o distribución de este documento siempre y cuando se cite al autor, bajo los términos de la versión 1.2 o posteriores de la «Licencia de documentacion libre de GNU» (GFDL), publicada por la Fundación para el Software Libre, sin secciones invariantes (invariant sections), ni textos de portada (front-cover texts), ni textos de contraportada (back-cover texts).











sábado, 17 de septiembre de 2016

lunes, 5 de septiembre de 2016

La estupidez y la traición

 

La estupidez y la traición

Por: Jesús Silva Herzog Márquez.
(publicado en el periódico Reforma el 5 de septiembre de 2016) 


La historia del poder en México está plagada de abusos y excesos, de trampas y de crímenes, de costosísimas obsesiones y de apuestas absurdas. Podemos hacer un abultado catálogo de frivolidades y de cegueras, de arbitrariedades y fatídicas negligencias. No es difícil encontrar ejemplos del atropello, del engaño, de la ineptitud, de la perversidad, incluso. Pero no creo que pueda encontrarse, en la larga historia de la política mexicana, una decisión más estúpida que la invitación que el presidente Peña Nieto hizo a Donald Trump la semana pasada. A cada cosa, su nombre. Esto fue, y no merece otro calificativo, una estupidez gigantesca. La palabra no es insulto, es identificación de los efectos de un acto. En un ensayo memorable, Carlo M. Cipolla capturó la esencia de esa torpeza. El estúpido no es un tonto, no es un ignorante, decía. Lo que caracteriza a un estúpido es su capacidad para causar daño a otros, provocándoselo simultáneamente a sí mismo. Ser estúpido es dañar a otros sin ganar con ello ningún beneficio. Por eso aseguraba el economista italiano que era mucho más nocivo un estúpido que un malvado. El malvado, a fin de cuentas, saca algún beneficio. El estúpido, en cambio, solo multiplica el daño a su paso.

En la decisión no hay asomo de estrategia. Es imposible imaginar en la invitación al candidato republicano una razonable previsión de beneficio. ¿Alguien se atrevería a decir todavía que la ocurrencia fue un gesto diplomático audaz? En todo el mundo se preguntan: ¿en qué diablos estaba pensando el presidente mexicano al prestarle al peor enemigo de su país la casa presidencial para beneficio de su campaña? Nadie ha encontrado respuesta. Lo que es fácil registrar es la cantidad de efectos perniciosos que ha provocado la visita del demagogo. El Presidente agredió al país. Excusó el racismo de Trump sugiriendo en la conferencia de prensa que su discurso había sido, en realidad, un malentendido y que confiaba en que querría una buena relación con México. Nos hemos sentido ofendidos, dijo, como si el problema fuera nuestra sensibilidad y no la agresión constante de quien tenía en frente. El Presidente ofendió particularmente a los mexicanos que viven en los Estados Unidos y que no solamente escuchan la violencia verbal de Trump, sino que encaran el odio que su campaña ha levantado en su contra. Desalentó a las organizaciones de defensa de los migrantes que vieron, desconsolados, al pendenciero bienvenido por el presidente de México. Al atrabiliario al que ningún líder internacional ha reconocido como digno de diálogo, le permitió aparecer como un hombre de empaque que negocia ya en el plano internacional. Dañó, irreversiblemente, la relación del presidente de México con la candidata puntera de los Estados Unidos. Exhibió a su gobierno como un bulto en caída libre.

No vale la excusa de la inocencia. La estupidez del gesto presidencial no fue una ingenuidad, fue una traición; no fue una muestra de candor sino deslealtad. No suelto esas palabras con ligereza. Entiendo la severidad del cargo y la facilidad con la que el epíteto se lanza. Hablar de la traición presidencial es cosa seria. Me parece, con todo, que el calificativo es justo porque el presidente mexicano terminó siendo un ridículo instrumento al servicio de nuestro más detestable enemigo. La mayor amenaza que México ha tenido en décadas, encontró en Enrique Peña Nieto, a un útil promotor. Si Donald Trump llega a ganar la Presidencia, los historiadores recordarán el 31 de agosto del 2016 como la fecha en que relanzó, desde Los Pinos, su campaña. Vale hablar de traición porque el Presidente ofreció los símbolos del Estado mexicano al narcisista que ha fundado su carrera política en el odio al vecino. Porque calló cuando tenía que hablar, porque se sometió a los caprichos del insolente. Porque su indignidad ante el patán deshonró al país al que representa. Debe hablarse de deslealtad porque Enrique Peña Nieto sometió a la Presidencia mexicana a la humillación.

La intensidad del rechazo que generó el bochornoso encuentro no obedece a otra razón: el país se siente traicionado por su Presidente. Esto ya no es simplemente inconformidad frente a una política, no es un desacuerdo con el gobernante; es desprecio e ira. El presidente mexicano, a dos años de su relevo: entre la burla y el odio.

miércoles, 20 de julio de 2016

Anticorrupción......???



 

Reproduzco el artículo reciente de  Gerardo Fernández Casanova, por su actualidad y oportunidad. También, por supuesto, por lo certero de su contenido.....

LA MORAL NO ES MATERIA DE LEYES

Con bombo y platillo y en ceremonia de altos vuelos se dio vigencia al Sistema Nacional Anticorrupción (SNA); toda una parafernalia legislativa que hará que todo cambie para que todo siga igual, simple gatopardismo. Reitero lo dicho: un sistema anticorrupción diseñado y aprobado por los corruptos no harán más que engrosar burocracias y tapaderas para impedir que los buenos caigan en corruptelas, pero que permitirá a los malos, continuar con sus negocios con plena libertad, salvo el caso de que fuesen estúpidos. El propio Peña Nieto lo confirma con sus ofrecimientos de disculpa, no por haber delinquido en la operación de la llamada “casa blanca”, sino por no haber calculado el efecto sobre la percepción de la sociedad; como quien dice que la operación fue legal, sin cortapisa, pero que adoleció de legitimidad a los ojos de la opinión pública. Más claro ni el lodo.
La legitimidad de algo tiene que ver con normas subjetivas propias de la moral, las que no pueden encajonarse en leyes  sino en actitudes personales y colectivas. Calderón, por ejemplo, pudo manipular para ser un presidente legal, pero nunca pudo ser legítimo, igual sucede con la elección de Peña Nieto. En ambos casos ha sido la “percepción social” –que no las leyes- la que ha determinado su ilegitimidad. Para el político corrupto, tal legitimidad le resulta tan imperiosa como la llamada a misa; se la pasa por el arco del triunfo.
El paquete tan pomposamente instaurado sólo podrá castigar al corrupto que cometa la estupidez de dejar huella comprobable, en cuyo caso no se castiga la corrupción sino la estupidez. Igualmente, el SNA sólo es aplicable a los actos que implican dineros inmediatos, pero no evitan los compromisos a futuros; por ejemplo: Zedillo otorgó la privatización de los ferrocarriles y, a lo mejor, no percibió alguna remuneración por ello; fue hasta después de dejar la presidencia que las compañías beneficiadas le expresaron su agradecimiento contante y sonante al incorporarlo a su consejo de administración.
Todo el aparato legal instaurado no puede evitar que, por ejemplo, un diputado vote una ley contraria al interés nacional, aunque reciba prebendas de parte de quienes la promueven; o que un partido o varios se confabulen para entregar la riqueza del patrimonio nacional a los particulares nacionales o extranjeros, a cambio de mantenerse en el poder, como ha sucedido con las últimas seis administraciones presidenciales.
Es corrupto e ilegítimo que el responsable de la estadística nacional aplique fórmulas diseñadas para producir una información favorable a determinada política pública, como recién sucedió con el Modulo de Condiciones Socioeconómicas del Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática (INEGI) que arrojó una insostenible información de reducción de la pobreza en el país. El asunto no es punible, no obstante expresar una brutal inmoralidad.
Es una tremenda falta de ética que el secretario Nuño, negocie con la dirigencia corrupta del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) posibles adecuaciones a la reforma educativa, negándolo a quienes, desde la resistencia y la honestidad, las han demandado vigorosamente. Es una maniobra política válida únicamente para quienes usan las atribuciones de la autoridad para imponer sus intereses.
En fin, el tan celebrado SNA es sólo una estrategia engañabobos para fingir satisfacer a la exigencia social de combatir la corrupción, sin tocar lo mero principal que es la moralidad de quienes detentan el poder. Es este asunto, por cierto, el que coloca a López Obrador en el centro de la agenda política nacional, por más que se empeñen en desaparecerlo los medios de confusión. Su postulado va contra la corrupción, pero sobre todo va por la transformación radical de la forma de hacer política de manera que no tengan cabida los malandrines que la han prostituido.
Correo electrónico: gerdez777@gmail.com         

domingo, 1 de noviembre de 2015

A Yucatán!


¡YUCATÁN ! (189?)
Poema inédito de Rodolfo Menéndez de la Peña.
Tomado de los archivos familiares del autor en posesión de
su nieta  Elma Carrillo Menéndez.


De la América en el centro al mundo muestra su faz
una tierra primorosa como otra acaso no hay.
Su cielo es azul turquino, la besa apacible el mar,
viste el sol de esmeralda su campiña tropical.

Una tierra hospitalaria donde se miran al par,
el amor puro y ardiente, la dulce fraternidad.
Donde virtud y belleza en noble consorcio halláis,
y es la divisa de todos Trabajo, Progreso y Paz.

Donde Minerva levanta sus templos aquí y allá
Sobre los cuales tremola la bandera liberal.
Es la región más preciosa  del pintoresco Anáhuac
y tiene el augusto sello de una sabia antigüedad.

Es la tierra en que Dios premia la constancia y el afán,
donde el agave generoso mil por uno al hombre da.
Es la tierra que yo admiro que idolatro más y más,
donde tengo las raíces de mi universo moral.

Es la tierra prometida de quién por el mundo ¡ay!
sin patria, amigos ni amores, busca un cielo y un hogar.
En la ribera del golfo se yergue, atalaya audaz,
de ilustración y cultura, de grandeza y libertad.

No preguntéis por su nombre, porque cuántos la adoráis,
como yo diréis al punto: ¡Esa tierra es Yucatán!

RM

domingo, 1 de marzo de 2015

Al cumplirse 100 años del arribo de Salvador Alvarado a Yucatán. (marzo de 1915 - marzo de 2015)

En la imagen: La pintura mural que muestra al General Salvador Alvarado ubicada en el Salón de la Historia del Palacio de Gobierno de Yucatán, en Mérida, realizada magníficamente por Fernando Castro Pacheco, apreciado y laureado muralista yucateco.
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Conforme pasan los años los perfiles de grandeza que elevan a Salvador Alvarado a la estatura de los más connotados hombres de la Revolución Mexicana, se iluminan y amplifican. Su figura, que ha recibido como pocas la agresión de la calumnia, aparece cada vez más nítida no sólo para los yucatecos, sino para los mexicanos, todos. En su homenaje vuelvo a publicar este texto.

La siguiente es la transcripción estenográfica de la intervención del diputado Rodolfo Menéndez y Menéndez en la tribuna de la Cámara de Diputados, durante la LIII Legislatura, pidiendo la inscripción del nombre de Salvador Alvarado en el frontispicio de la Cámara de Diputados. Petición suscrita por la diputación yucateca integrada por el propio Rodolfo Menéndez, el diputado Renán Solís Avilés, el diputado Wilbert Chi Góngora y el diputado Nerio Torres Ortiz y que fué denegada porque, créase, aún prevalecen los efectos de las heridas y de los resentimientos de la revolución en el contexto político mexicano. Habría que preguntar a los herederos del obregonismo recalcitrante: ¿Hasta cuándo? .

1985. Estamos en la Ciudad de México, Palacio Legislativo de San Lázaro, en la sala plenaria de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Tiene la palabra el diputado Menéndez:

Setenta años se cumplieron (ahora se cumplen 100), del inicio de un gobierno estatal que sacudió profundamente la estructura social yucateca, dando la bandera a un pueblo glorioso y entonces oprobiosamente esclavizado.

Así describe el propio Alvarado las condiciones en que se encontraba Yucatán al arribo de las fuerzas constitucionalistas en 1915: "Encontré a Yucatán en plena servidumbre. Miles de desgraciados, por la culpa de instituciones tradicionales, de vicios sociales tan fuertemente enraizados que parecían indestructibles, languidecían de generación en generación con la vida vendida a los amos".

En efecto, cuando Salvador Alvarado llega a Yucatán , encuentra una sociedad envilecida por la tienda de raya, la tortura, el derecho de pernada, la compraventa de seres humanos, el analfabetismo y el hambre, todo esto, ya en pleno siglo XX, en afrentosa convivencia con la ostentación, el derroche y la mascarada de un extranjerismo sin sentido.

En menos de tres años de gobierno, el insigne revolucionario sinaloense pone los cimientos sobre los cuales comenzaría a construirse no sólo el Yucatán moderno sino el actual Estado Mexicano.
Su acción transformadora se extiende a los más amplios campos de la vida en común y toca las más profundas fibras de la colectividad.

Antes de revisar la obra de Alvarado, debemos recordar que a finales de 1914, nuestra revolución no estaba todavía más que en sus etapas iniciales, faltaban años para que se consolidara el movimiento y todavía no se delineaban con claridad muchos de los planteamientos que cobrarían vigor en la Constitución de 1917.

Uno de los grandes méritos de Alvarado, que hoy reconocemos desde esta tribuna, fue que al tiempo que los concibió, puso en práctica cambios radicales en las estructuras sociales y económicas de Yucatán, creando el cuerpo legislativo y las instituciones más avanzadas para la época, que habrían de marcar los caminos que más tarde recorrería el constitucionalismo, primero al consignarlas en la carta de 1917 y después en las acciones de los gobiernos de Carranza, de Obregón, de Calles y de Cárdenas.

Salvador Alvarado reunió en su persona las características de un conceptualizador que tuvo el vigor y la enjundia para poner en práctica el ideario revolucionario. Fue, - y eso lo distingue - , al mismo tiempo, ideólogo, conductor y ejecutor, fidelísimo, de los propósitos de justicia social que orientaron al movimiento transformador de 1910.

Promotor y protagonista; diseñador y constructor al unísono, que estableció pauta para que otros siguieran más tarde, Alvarado ofreció al carrancismo y a la Revolución Mexicana, con el esfuerzo del pueblo yucateco, una fuente de recursos económicos fundamental en la conducción del movimiento constitucionalista.

El aporte de este afanoso pueblo yucateco a la Revolución Mexicana sólo se logra entender con claridad, cuando se advierte la realidad del Yucatán de aquel entonces, realidad que significaba riqueza generada por una sólida industria henequera, que montada sobre la servidumbre humana de los campesinos mayas, proporcionaba un torrente de divisas que a más de proveer lo necesario para sostener la economía local, resultaba inapreciable para los propósitos del carrancismo.

El Yucatán no se daba, como en la mayor parte de la República, la convulsión revolucionaria. Mientras en otros lugares había inseguridad en el tránsito de las personas y en el tráfico de las mercancías, lo cual ponía serias limitantes a la actividad económica en su conjunto e impedía en buena medida, el acopio de recursos necesarios para alimentar al proceso revolucionario, en la península, la paz existente permitía que la actividad henequera se desarrollara sin dificultad a través de un amplísimo sistema ferroviario complementado por puertos de salida para el producto de exportación, desde donde se embarcaba el henequén cuyas utilidades podían ser cobradas sin tropiezo.

En suma, Yucatán contaba con una industria bien organizada y una adecuada infraestructura, a más de una circunstancia favorable que permitía el buen funcionamiento de ambas, haciéndolas instrumento eficaz de generación de una riqueza indispensable para los propósitos revolucionarios.

En este contexto, en febrero de 1915 y siendo gobernador preconstitucional de Yucatán don Toribio de los Santos, estalló en el Estado un movimiento rebelde que tenía por objeto político el evitar que la revolución fuera conducida hasta ese confín de la patria aislándose a Yucatán de la acción transformadora. Encabezó el movimiento reaccionario un sinvergüenza llamado Abel Ortiz Argumedo, promovido y apoyado por la llamada "casta divina", poderosa oligarquía que aterrorizada ante la idea de que la Revolución le quitará definitivamente sus privilegios, decidió hacer la defensa de sus intereses intentando segregar al Estado de Yucatán del movimiento de renovación nacional.

Al genio militar y político de Carranza correspondió comprender cabalmente la importancia estratégica de aquel jirón del país y de encontrar y designar al hombre que fuera capaz, por un lado y en primer término, de someter a los rebeldes argumedistas y posteriormente, mantener las condiciones para que siguiera funcionando el engranaje económico yucateco, basado en la agroindustria henequera, aplicando al mismo tiempo las acciones necesarias para avanzar en el proyecto transformador del movimiento social constitucionalista.

Tarea para un titán y para un genio y ese fue el encargo para Salvador Alvarado. El 19 de marzo de 1915 entra en la ciudad de Mérida al comando de su tropa para poner "las armas de la Revolución al servicio del ideal", como él mismo afirma respecto de los propósitos de su actuación.

Para dibujar la perspectiva que advirtió a su llegada ningún pincel mejor que sus propias palabras: "Encontré - dice Salvador Alvarado - que la riqueza de aquel pueblo bueno y fuerte, hecho para mejores destinos no tenía otro fundamento ni otro origen que el trabajo del indio. Sobre su miseria y sobre su ignorancia, que le convertían en máquina de labor, se habían levantado fabulosos capitales, y se habían labrado fortunas de príncipes. En ninguna parte como aquella tierra, que espiritualmente estaba viviendo una vida de tres siglos atrás, era necesaria la renovación de todas las fuerzas y el equilibrio de todos los derechos"- continúa diciendo.

" Para esta obra urgente y rápida me dispuse desde el primer momento con todo el brío de que era yo capaz, pero quise hacerla en un sentido puro y levantado, que le diera efectividad definitiva y que no convirtiera la obra de la Revolución, que yo estaba obligado a realizar, en un simple removimiento de las cosas a favor del cual se levantará un nuevo vértigo de pasiones y de desorden y entrarán a aprovecharse los ladinos y los logreros que siempre están al acecho de que se revuelvan las aguas para echar sus redes..."

Y así expresaba la definición de su voluntad revolucionaria:"...no podía permitir ya que unos cuantos, considerándose los asistidos de una especie de derecho divino, vivieran del trabajo de los demás y guardaran para ellos una existencia egoísta de acaparamiento y de placeres, de soberbia de casta y de privilegio de sangre..."

Es aquí justo y necesario que acerquemos la lupa del reconocimiento a lo más significativo y trascendente de su obra de gobierno de Yucatán. La tarea social de Alvarado podría sintetizarse con la afirmación contundente de que mediante sus acciones, sesenta mil siervos fueron transformados en ciudadanos libres y conscientes de la necesidad de su participación en la renovación colectiva. Es la libertad condición básica para la felicidad de los pueblos. De aquí que este hombre se encuentre en el origen de la alegría yucateca.

Por lo que ve a la reforma económica, durante su corto pero extraordinariamente efectivo gobierno, Salvador Alvarado luchó contra los monopolios internacionales para elevar el precio del henequén, cuestión ésta que logró en beneficio del pueblo yucateco trabajador y de su causa. Fundó la primera flota mercante yucateca para abaratar las exportaciones; rescató de la quiebra y amplió considerablemente los ferrocarriles yucatecos. Construyó sanatorios para obreros; rehabilitó y modernizó la industria cordelera; construyó caminos y creó una comisión encargada de importar y vender a precio de costo los artículos de primera necesidad. Adquirió por primera vez en cantidad suficiente petróleo crudo para disponer de energéticos suficientes en el Estado. Financió las primeras exploraciones petroleras en el sureste de México.

Alvarado condujo también una reforma cultural de extraordinario alcance. Recién llegado a la gubernatura, expidió la Ley General de Educación Pública que crea la escuela rural, cuya enseñanza debía ser laica, gratuita obligatoria e integral, estableciendo así el antecedente del artículo 3o. de la Constitución. Fundó las escuelas de Agricultura y de Bellas Artes. En 1916 convocó a un Congreso pedagógico bajo la presidencia del profesor Rodolfo Menéndez de la Peña. Fundó el conservatorio de música y el Ateneo Peninsular - una de las más prestigiadas instituciones culturales de esa época.

Establece una biblioteca en cada municipio y en cada hacienda henequenera. Al terminar su gestión, en 1918, se habían construido más de 1,000 escuelas, casi a razón de una por día, que atendidas por dos mil maestros y con un presupuesto de dos millones y medio de pesos, equivalentes al 40% del presupuesto total de egresos del gobierno de Alvarado, fueron palanca para intentar rescatar de la ignorancia al pueblo vencido, antaño poseedor de una de las culturas más asombrosas de la antigüedad.

En otro orden de ideas, el revolucionario sinaloense, proscribe la servidumbre doméstica sin salario, en un acto que busca emancipar a la mujer, redimiéndola de lo que él mismo describe... "como un síntoma del extraño retardamiento en las costumbres, que en Yucatán formaba contraste con el desarrollo cultural y mercantil de ciertas clases sociales, encontré con dolor que, así como había miles de esclavos en los campos, también había en las ciudades miles de pobres mujeres sometidas a la servidumbre doméstica, en una forma que con apariencia de paternidad era de hecho una positiva esclavitud".

"El servicio de las casas ricas y acomodadas se hacía por docenas de pobres mujeres, indias o mestizas, que vivían encerradas trabajando incesantemente, sin más salario que el techo, la ropa y la comida, inútiles para la vida libre, estériles para el amor, muertas para la esperanza".
En enero de 1916, Salvador Alvarado, organiza el primer Congreso Feminista celebrado en la República Mexicana del cual se derivaban algunas conclusiones que hoy todavía parecen inalcanzables en términos del propósito igualitario hacia la mujer.

En materia legislativa, su obra es de trascendencia invaluable. Destacan por su anticipación, por su interés colectivo y por su concepción ideológica profundamente progresista, las leyes Agraria, de Hacienda, del Trabajo, del Catastro y la Ley Orgánica de los municipios del Estado, leyes éstas denominadas "las cinco hermanas". Todas, salvo la última, preconstitucionales y que indudablemente ejercieron decidida influencia sobre el Congreso constituyente de 1917.
En tres años de conducción política expide 753 decretos que crean una verdadera estructura jurídica, parte de la cual sigue hasta la fecha vigente. Los puros considerandos de tales leyes, son verdaderos manuales del buen revolucionario, que proyectan la vocación de un verdadero agente de transformación, profundo conocedor de los vicios sociales que afligían a México y promotor ferviente de un auténtico Estado de derecho.

La Ley Agraria prevé la organización del Banco Agrícola, 11 años antes de que Calles diera vida a una tal institución. La ley del Trabajo estableció las juntas de Conciliación y Arbitraje para resolver las controversias obrero - patronales. Asímismo, establece la jornada máxima en el campo y en la ciudad y el salario mínimo. El 123 constitucional se inspira fundamentalmente de las ideas contenidas en la Ley Obrera de Yucatán. La ley de Hacienda, por su lado, contiene adelantos tan notables como la previsión de un impuesto único al consumo que es el claro antecedente del Impuesto al Valor Agregado.

La ley del Catastro se vincula íntimamente con la de Hacienda y contiene la adelantada concepción de un Registro Público de la Propiedad incorporado a la Dirección del Catastro.
En menos de tres años, Alvarado logra en Yucatán reorganizar el sistema económico y modernizar estructuralmente la Administración Pública, moralizándola.

Lleva a cabo una gran reforma educativa y una importante obra legislativa. Dignifica a los trabajadores y a la mujer y establece una base cultural para el desarrollo social.
Diseña y conduce todo un proyecto integral en lo político, lo económico y lo social, que no sólo impacta a la sociedad yucateca, sino que habría de extenderse a la nación entera estableciendo en buena medida las bases de modernidad de Estado mexicano.

Queda claro que la acción alvaradista en Yucatán es mucho más que la de un guerrero . Es la de un estadista cabal y visionario; constitucionalista en el más amplio sentido del término; conductor de gente y de ideales fundados en el humanismo liberal. Obstinado de la legalidad, de la igualdad entre los hombres y de la honradez a toda prueba.

Fue así y fue por esto, como ingresó el general Salvador Alvarado, con paso firme y redoblado, hacia la eternidad de la gratitud yucateca. De aquí que hoy, la conciencia política de Yucatán pida a esta honorable asamblea que comparta el honor, con quien el honor merece.

Por todo lo anterior señor presidente de esta H Cámara de Diputados, la diputación de Yucatán en la LIII Legislatura, formula la siguiente iniciativa, rogándole a usted se sirva dar el trámite que corresponde

UNICO: Que se inscriba con letras de oro el nombre del general Salvador Alvarado en este recinto legislativo. (Aplausos nutridos)

Firman los miembros de la Diputación Yucateca.

México, D. F., 28 de noviembre de 1985.


  Sobre el tema, véase también el Blog de Gilberto Avilez.