domingo, 28 de enero de 2024

Saga de la conquista de México, 2. ¿Quién era Diego Velázquez?


Diego Velázquez fue un "adelantado", un dignatario venido del entonces aún en formación imperio español, designado por el rey para acometer las tareas de la exploración y la conquista de los territorios del nuevo continente que habían sido "descubiertos" por los aventureros que atravesaron el océano Atlántico en las postrimerías del siglo XV y los albores del XVI. Era este personaje un segoviano nacido en 1465 que supo crear una relación sólida con los hermanos Colón, gracias a la cual realizó el viaje de su vida, para posteriormente instalarse en la isla de Cuba, en donde fue nombrado el primer gobernador europeo de la ínsula después de haber participado en su conquista y habiendo empezado a colonizarla. Desde ahí, desde la isla, debió organizar expediciones y tareas de dominio que contribuirían a convertir a la España de la época en el imperio más rico y poderoso del mundo.

En los años transcurridos entre 1517 y 1521 Velázquez organizó varias expediciones sucesivas que habrían de transformar las relaciones geopolíticas del mundo renacentista y de entre ellas, tres que modificarían para siempre la historia y el devenir de toda la Mesoamérica, la Aridoamérica y la Oasisamérica, regiones culturales que conformaron en buena medida el México español, durante tres siglos, de 1521 a 1821, el México que es el antecedente inmediato de nuestra patria y que otrora se denominara el Virreinato de la Nueva España.

Por la visión, la ambición y hay que decirlo también, el genio político de este hombre, se crearon las condiciones o se coadyuvó seriamente a su creación, para que el fenómeno épico y singular, sin calificar sus consecuencias, de la conquista de esta vasta región del mundo se diera a manos de europeos y en detrimento de los pueblos preexistentes en ella. Esos eventos están grabados en nuestra conciencia y en nuestra realidad, para el siempre de los siempres. Así de importante para nuestra historia -ni bueno, ni malo- fue este personaje al que hoy me refiero en este segundo envío de lo que he llamado la "saga de la conquista de México".

Ya me había referido en el envío anterior, a cómo este poderoso señor del renacimiento, venido a más, y siendo gobernador de Cuba, mandó a un hacendado rico, Francisco Hernández de Córdoba, a explorar lo que ellos entonces suponían otra isla y que ahora sabemos que era una "casi isla" (península) que después llamarían Yucatán. Conté también como le fue mal, muy mal, al hacendado rico convertido en explorador y cómo éste canjeó involuntariamente su vida a cambio de un lugar en la historia de los tiempos. 

Hoy anunciaré lo que planeó Velázquez al enfrentarse a los resultados de esa primera y fallida exploración cuya intención fue, al decir de muchos de sus coetáneos, tal como relataron después Diego de LandaBernal Díaz del Castillo y el propio Bartolomé de las Casas, reclutar "indios", llevarlos en calidad de esclavos a la isla de Cuba para saciar la necesidad de los colonizadores, de contar con mano de obra, o para reponer la que ya tenían en activo y se les iba muriendo a los recién llegados a estas tierras ignotas. Esto es, quería seguir poblando la isla y en el camino, claro está, dar oportunidad a otros hacendados de enriquecerse. Pues a Velázquez se le ocurrió programar una segunda expedición encargándosela en esta ocasión a un su sobrino (algunos historiadores dicen que no hubo tal parentesco), otro originario de Cuéllar, Segovia, llamado Juan de Grijalva

Éste, mucho más joven que Hernández de Córdoba, había nacido en 1490. Era por tanto, presumiblemente, más audaz y temerario que su cofrade y por tanto más proclive a rendir buenos frutos para los intereses del jefe Velázquez. Ya veremos en la próxima entrega, lo acaecido con el joven Grijalva que había participado en los años anteriores con su patrón, en la conquista de la isla de Cuba y estaba ya curtido por el fragor de las luchas de colonización. 

Reuniendo esa confianza que se depositaba en él, así como la experiencia en su haber, preparóse pues este segundo aventurero, para zarpar con rumbo al occidente, desde la población de Santiago, en el extremo oriental de la isla de Cuba, habiéndose fijado la fecha de partida hacia los últimos días del mes de enero de 1518. Hoy hace, días más o menos, 506 años de esos preparativos.

Rodolfo Menéndez y Menéndez


jueves, 18 de enero de 2024

Saga de la conquista de México, 1. El "descubrimiento" de Yucatán


(1517 - 2024)

 El “descubrimiento” de Yucatán
(Escrito originalmente en 2017, con motivo del 500 aniversario del acontecimiento histórico. Revisado, corregido, aumentado y publicado en 
 el viernes 19 de enero de 2024)


Francisco Hernández de Córdoba, nacido en Córdoba, España, ca. 1467 y fallecido en Sancti Spíritus, Cuba en 1517, fue un explorador español que pasó a la historia por la expedición que dirigió entre febrero y mayo de 1517, hace 507 años, que el imperio español, entonces forjándose, registró como "el descubrimiento de la península de Yucatán".
 
Cito antes de continuar, a nuestro querido amigo ya fallecido Michel Antochiw Kolpa, historiador y cartógrafo, quien en su ''Historia Cartográfica de la Península de Yucatán'' publicada en 1994 en Campeche, señala y sustenta cartográficamente:  "..existe la posibilidad de que Yucatán haya sido visitado por lo menos dos veces antes de su "descubrimiento", ambas por navegantes portugueses, la primera vez desde el norte, la segunda desde el sur..." 

Digo también que la propia enciclopedia "Yucatán en el tiempo", en el artículo correspondiente a "Historiadores de Yucatán" dice: "...todavía persisten dudas sobra la fecha real y la identidad del autor del descubrimiento (de Yucatán), ya que el mapa más antiguo en el que aparece Yucatán data de 1513, cuatro años antes del viaje de Hernández de Córdoba".
 
Más aún, desde 1511 había naufragado un barco de la flota de Diego de Nicuesa, que regresaba a La Española y algunos de sus ocupantes consiguieron salvarse. En efecto, en el momento en que los compañeros de Hernández avistaron y nombraron a El gran Cairo,
en la costa yucateca, muy cerca de Cabo Catoche, dos de aquellos náufragos, Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, vivían ya en la región del Mayab, hablaban la lengua maya de la zona, y el segundo incluso, gobernaba una comunidad indígena.

De lo anterior se desprende que quienes le atribuyen a Hernández de Córdoba ese denominado “descubrimiento” se equivocan palmariamente. En todo caso deberíamos atribuir a este famoso explorador que entregó su vida por hacer la travesía, el bautizo con el nombre que hasta hoy se usa para denominar a la región peninsular: Yucatán, en vez de -tal vez- EL MAYABAunque, con relación a esto, hay historiadores que afirman que el primero que usó el término Yucatán como toponímico, por una mala interpretación del decir de los lugareños con quienes interactuaron, fue Bartolomé Colón, hermano de Cristóbal y protagonista también del proceso “descubridor”. 

Ahora bien, nada de lo anterior quita mérito al "descubrimiento" (lo sigo entrecomillando) de Hernández de Córdoba, por cuanto que, con relación a los portugueses, aunque se acepte que avistaron las tierras del Mayab, ellos no registraron historiográficamente el evento, ni allanaron el camino para el reclamo de nuevas tierras, como sí lo hicieron los europeos que siguieron los pasos de Hernández de Córdoba, hasta lograr la ingente conquista territorial de toda Mesoamérica, y mucho más, que marcó la historia. Y, con relación a los náufragos, pues eso fueron: náufragos, que llegaron al Yucatán por accidente, sin voluntad de hacerlo y su "descubrimiento" hubiera quedado en el olvido de no haber sido rescatado uno de ellos, Jerónimo de Aguilar, años después, en 1519, por el mismísimo Hernán Cortés
 
Corre pues el sexto centenario (más de medio milenio) del "descubrimiento" de la península de Yucatán, hoy territorio de México y morada nuestra.... 
 
Cierro este relato de carácter conmemorativo, a reserva de volver a él con otro hilo conductor en fecha próxima, recordando también que esta expedición fue encargada a Hernández de Córdoba por Diego Velázquez, el entonces gobernador de Cuba, con el propósito ulterior, según Bernal Díaz del Castillo -testigo presencial-, de conseguir "indios" para que trabajaran en las propiedades de los españoles que ya vivían en la isla.  Y abundo para la recolección de todos: la expedición costó la vida a Hernández de Córdoba quien falleció a los pocos días de regresar a Cuba el mismo año de 1517, como consecuencia del propio viaje, ya que fue herido con flecha por los "indios" mayas, los mismos que había venido a buscar para esclavizarlos, en Chakán Putum (Champotón), en la escaramuza, que no batalla -llamada por los perdedores como "La Mala Pelea"- había sufrido severamente durante el viaje de retorno, que se hizo con escala´de paso debido quizá a la falta de agua y la consecuente sed, en la Florida, de tal manera que su salud quedó gravemente comprometida produciéndose poco después, al arribar a Cuba, el desenlace fatal.

Irónico me parece, sí, que el viaje que hizo inmortal a este aventurero ante la historia haya sido el mismo que le quitó la vida.
 
 
Rodolfo Menéndez y Menéndez
Mérida, Yucatán, el 18 de enero de 2024.

jueves, 11 de enero de 2024

Nota del NYT de enero de 1942 comentando el libro NAYAR de Miguel Ángel Menéndez Reyes

 






Novela de Miguel Ángel Menéndez. Premio nacional de Literatura, 1940 
Hace más de cuatro siglos, Nuño de Guzmán estrelló su crueldad y violencia de conquistador ante el altivo sentimiento de libertad con que le resistió la tribu Cora. Inútilmente los misioneros buscaron un resquicio para infiltrar en ella la religión de los blancos. En la sierra del Nayar perdura tenazmente, aún hoy, la vida indígena preñada de confusión -paganismo, superstición, sentimientos simplistas cristianos- vida que es incapaz de otorgar a la tribu calidad humana de bienestar. El alma cora, con su voluntad de sobrevivir, mantiene intocable su actitud tradicional de lucha; hace escudo de su aislamiento, en contra de las leyes de los blancos, que carecen de sentido para normar su vida. Este libro condensa aspectos salientes de un mundo real, en olvido, que se halla fuera de las condiciones de tiempo y espacio y que pervive en espera de su hora. (Tomado de Wikipedia en español) La edición más reciente del libro es de Editorial Porrúa, Colección Sepan Cuántos, año 1991, Número, 336.
 ISBN 968-432-187-2