miércoles, 8 de agosto de 2007

¡Los más ricos del mundo!


Mr. Gates y el Sr. Slim. Los más ricos entre los ricos.

Foto de El Universal

Por Rodolfo Menéndez y Menéndez

No le tengo envidia a la riqueza ajena. Ni le tengo rencor. Ni tampoco temor. Más aún, siento respeto por ella. A veces me parece que estos personajes tan ricos deberían ser sujetos de la compasión de todos. Hay algunos inclusive, que he conocido de cerca, con enormes fortunas, que me han resultado finalmente tan, pero tan pobres, cuando he podido constatar que sólo dinero tienen.

Lo que resulta bochornoso, lo que da vergüenza, es que una sociedad sea capaz de producir al hombre más rico del mundo, en términos económicos, y al unísono, mantener a un enorme porcentaje de su población en condición de parias. De miserables que no tienen para llevarse un mendrugo a la boca y ni siquiera donde caerse muertos. Es el triste caso de la sociedad mexicana que ha podido engendrar esta disparidad tan monstruosa de tener entre sus nacionales al ser más rico del planeta, mientras es cuna y mortaja de hordas de miserables que nada tienen, ni acaso el conocimiento de lo que otros, muy cerca de ellos, poseen.

Yo creo que el caso es tanto más alarmante cuando se sabe por un lado la velocidad actual de generación y de concentración de riqueza que el individuo tiene y por el otro en que tiempo tan relativamente corto ha podido amasar la fortuna de la que goza. Se habla, en las recientes notas informativas, de que la riqueza del Señor Slim creció en los últimos meses a una tasa de 12,000,000,000, sí, doce mil millones, de dólares por año. Esto significa que logró acumular a una velocidad promedio equivalente a un cuarto de millón de pesos por minuto. Ni siquiera intento el lugar común de compararlo con uno de los trabajadores de salario mínimo de nuestras fábricas o con uno de los campesinos de las zonas rurales de este país o con los miles de pordioseros de nuestras ciudades. Toda comparación sale sobrando por desorbitada.

No que este personaje, al que conocemos bien los mexicanos que somos de su generación, fuera pobre desde su origen, pero sí se ubicaba en un perfil de clase media, tal vez acomodada, hasta hace unos veinticinco años, siendo hijo de inmigrante, modesto y trabajador. Es decir que en una generación, como la cuentan los demógrafos, alguien en este país de pobres, ha sido capaz de dar un brinco cuantitativo para transformarse de un ciudadano ligeramente superior a lo común al empresario más rico de la tierra.

¿Cómo lo hizo? ¿Es tan grande y singular su talento, su dedicación, su esfuerzo, su habilidad? ¿Fue tan agraciado por la diosa fortuna? ¿En qué universidades nutrió su conocimiento para lograr tal éxito? ¿Qué genialidad inventó el hombre, como su colega norteamericano - con quien hoy comparte honores -, que se le ha convertido en mina de oro? Estoy seguro que como en todos los fenómenos de la vida hubo múltiples vectores que contribuyeron a esta resultante que hoy nos asombra. Ya encontrará él y sus cercanos formas inteligentes de explicar ante el mundo y ante ellos mismos este vertiginoso ascenso a las escarpadas cumbres de la riqueza monetaria. Nadie seguramente lo tachará de tonto y las explicaciones que se den cobrarán la lógica de los recursos que se inviertan para hacérselas creer a los demás. Pero yo quisiera que viniera el sociólogo lúcido que nos explicara cómo esto ha sido posible en este país de míseros.

¡México, México!, ¿seguirá el Vate López Méndez, desde su sepulcro, creyendo en tí?

Distrito Federal, 07 08 07

2 comentarios:

Anónimo dijo...

En el último párrafo de su escrito creo que confunde la naturaleza del profesionista que tendría que hacerse cargo de la explicación de estos "fenomenos". Más que un sociólogo, en nuestros países requeriríamos de criminólogos.

Rubén Malpica dijo...

El Fortune más reciente publica la opinión del Profesor Greyson, de la Universidad de Columbia quien afirma que es por personas como Slim por lo que la economía mexicana es tan ineficiente y poco competitiva...