domingo, 18 de febrero de 2024

Saga de la conquista de México, 5. Hernando Cortés ( I )

 

Retrato de Hernando Cortés pintado por el alemán Christoph Weiditz en 1529.


Sabemos que Cortés fue quien encabezó a partir del 18 de noviembre de 1518, en representación del imperio español, entonces gestándose, la guerra de conquista de Mesoamérica y de vastos territorios al norte y al sureste de esta región cultural. Pero ¿quién era Cortés?, ¿por qué estaba en "las Indias", como muchos españoles llamaron a esos nuevos lares que para ellos habían sido descubiertos poco menos de treinta años antes por el genovés Christophorus Columbus?, ¿de dónde venía este aventurero? No muchos conocen las respuestas a esas preguntas. 

Nació en Medellín el año1485, apenas siete años antes de que Colón descubriera para los europeos un nuevo continente. Era de Extremadura, cuna también de otros grandes conquistadores del continente americano como Francisco Pizarrode Pedro de Valdivia y otros como Pedro de AlvaradoVasco Núñez de Balboay Hernando de Soto. Provenía de una familia "de mediana hidalguía". Hijo de Martín Cortés y de Catalina Pizarro que quisieron y pudieron dar a su hijo una esmerada educación formal. Lo enviaron a Salamanca a estudiar gramática. Según Bernal Díaz del Castillo relator de la conquista de México con su afamado libro "La historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España", dominaba el latín.

Desde muy joven Cortés mostró su temperamento intrépido y su vocación lo llevo a la aventura y finalmente a las armas. Después de algún intento fallido logró incorporarse a uno de los viajes a las "Indias" que por aquel entonces eran muy populares entre la población joven y aventurera. Se estima que viajó entre 1504 y 1506, tendría 20 años. a la Hispaniola que estaba siendo colonizada por los europeos. Esta isla que hoy alberga a Haití y a la República Dominicana, fue el primer territorio del nuevo continente visitado, dominado y colonizado por los europeos a partir de su llegada a fines del siglo XV.

Tuvo una buena acogida por parte del gobernador Nicolás de Ovando que se benefició del ímpetu del recién llegado quien participó en la pacificación de los lugareños y de aborígenes taínos, grupo que había llegado a las islas del norte del Caribe provenientes probablemente de la región del Orinoco en lo que hoy es Venezuela. Eso le valió que pronto se viera recompensado con una buena dotación de indígenas con los que pudo acometer actividades productivas entre las que figuró la cría de caballos y de ganado vacuno que le ofrecieron en poco tiempo una posición económicamente desahogada. Dos años después de volverse gobernador de la Hispaniola, Diego Colón primogénito de Cristóbal, en 1511 (Cortés ya tenía más de cinco años viviendo en la isla), decide enviar a Cuba a Diego Velázquez de Cuéllar y éste, prendado que estaba por la osadía de Cortés, lo ficha para incorporase a su equipo y para que lo acompañara en la misión de colonizar la isla vecina. El fichaje incluyó la responsabilidad para Cortés de ser el tesorero de la expedición y administrador del Quinto Real.

Entre intrigas y realidades pronto se percató Diego Velázquez de que su seleccionado era ambicioso y también insaciable. Y empezaron a enfriarse las relaciones. Pero esto sucedió ya en Cuba y la misión que llevaban pues requería de muchas voluntades, de fortaleza y de unidad y eso permitió la continuidad de la relación. Bernal Díaz del Castillo relató años después esta escena: dice que un bufón de Diego le dijo, al modo de los bufones: "«A la gala de mi amo Diego, Diego, ¿qué capitán has elegido? Que es de Medellín, de Extremadura, capitán de gran. Más temo, Diego, no se te alce con la armada, que le juzgo por muy gran varón en sus cosas».

A lo largo del tiempo que ambos pasaron en Cuba, habrían transcurrido seis o siete años, las quejas contra la administración de Diego Velázquez habían subido de tono. Se le acusaba de muchas tropelías y favoritismos. Hubo un punto en que el ambiente estaba tan caldeado en contra del gobernador que se habló de hacer llegar a la Audiencia la queja generalizada del grupo de españoles que había crecido en número al cabo de los años. Cortés mismo se ofreció para hacer llegar el expediente. Fue perseguido por ello y a punto de ser encarcelado. Se libró de la intención porque de alguna forma convenció a Velázquez de su inocencia. Hubo otro tiempo en que Cortés cortejó a Catalina Suárez Marcayda, hermana de una amante que tenía el jefe Diego, pero después se arrepintió, Ella despechada, hizo intervenir a Velázquez por conducto de la hermana, para obligar a Cortés a que cumpliera la palabra empeñada. Diego intercedió y obligó a don Hernando a casarse con Catalina, cosa que este hizo a regañadientes. ¡Otra raya más al tigre! Logró Cortés en este caso una compensación a su "sacrificio": lo nombraron alcalde de Santiago de Baracoa. No es sino hasta que toma posesión del puesto en 1515 que consuma su matrimonio forzado, cuando se había casado desde 1512.

En 1517, Velázquez envía la primera expedición hacia Yucatán, capitaneada por Hernández de Córdoba quien fracasa, relativamente, y muere ya de regreso en Cuba a consecuencia del viaje. En 1518, temprano en el año, envía una segunda expedición al mando de Juan de Grijalva, quien con sus varias naves hace un recorrido un poco más productivo que el de Hernández de Córdoba, pero lo mismo, estéril desde la perspectiva de Velázquez. Hacia el fin de ese mismo año, en noviembre, nombra a Cortés para que cruce el canal de Yucatán y realice el tercer intento. Éste invierte toda su fortuna, tira su casa por la ventana de la historia, todo, íntegro, lo que había logrado en 13 o 14 años de prosperidad personal. Una armada de 11 naves, más de 600 infantes y marinos, 32 caballos, arcabuces, ballestas, falconetes

Cada nave capitaneada por gente con experiencia bélica: ahí iban Francisco de MontejoHernández PortocarreroCristóbal de Olid, Pedro de Alvarado, Diego de Ordaz, entre otros. Once verdaderos capitanes, veteranos de guerra. Más unos 200 indios y negros para la navegación y como tropa de a pie. Todos, todos, sabían a lo que iban. Hasta Velázquez se sorprendió del tamaño de la expedición y de su naturaleza. Intenta éste a última hora detener la expedición en una de las varias escalas que hacen a su salida hacia el continente, en la isla de Cuba. El alcalde de Trinidad, la última instancia, se reporta con Velázquez y le dice: "imposible detenerlo". Cortés había partido. El engranaje de la maquinaria que conquistó a México estaba en marcha. Había Velázquez seleccionado al capitán correcto, aunque después ya no le gustara tanto.

Viajando al suroeste con buen viento pronto llegaron a la isla de Cozumel. Ahí comenzó Cortés la aventura más importante de su vida y de la de sus hombres. ¡Epopeya inmarcesible!

Ruta que siguió la expedición de Hernán Cortés desde que partió de Cuba en 1518 hasta su llegada a Tenochtitlan, capital del imperio mexica.

(Continuará...)


Rodolfo Menéndez y Menéndez

Mérida, Yucatán, México

domingo, 11 de febrero de 2024

Saga de la conquista de México, 4. Dos personajes inefables.

  Gonzalo Guerrero y Gerónimo de Aguilar

Estos dos personajes fueron compañeros de viaje al principio del proceso de la conquista de México. Les doy el calificativo de inefables porque ambos, por sus propios méritos, tuvieron un desempeño singular durante la gesta que cambió tanto y a tantos a lo largo del siglo XVI, protagonizando eventos de gran trascendencia. Vivieron como esclavos del pueblo maya en el territorio que hoy es el estado de Quintana Roo. Aquí está la historia.

Estatua recordando a Gonzalo Guerrero y al mestizaje, hecha por Raúl Ayala Arellano en 1974. Una copla de ella está en la prolongación del Paseo de Montejo, en Mérida, Yucatán. Imagen tomada de los archivos de Wikimedia.

Ambos personajes eran paisanos andaluces. Uno, Gerónimo (Jerónimo), nacido en Écija y el otro en Palos de la Frontera. Aparte de eso no tenían mucho en común como seres humanos. Géronimo era clérigo y cerca de 20 años menor que Gonzalo quien era más aventurero y también mayor en edad. Las vidas de ambos se cruzan en una expedición con final fatídico: el barco que los transportaba surcando el Mar Caribe desde el Darién, capitaneado por Juan de Valdivia, enviado de Vasco Núñez de Balboa, naufragó durante una fuerte tormenta en el mes de agosto de 1511. Ambos tuvieron la misma buena suerte: sobrevivieron en un batel que llevaban a bordo de la embarcación mayor que se hundió. Alcanzan tierra firme días después del percance en una playa cercana a Chaktemal (hoy Chetumal). 

No tardaron los dos aventureros náufragos en ser capturados por guardianes del Mayabposiblemente de los Cocomes, grupo maya que predominaba en la región oriental de la hoy península de Yucatán. A partir de ahí el destino de cada uno empieza a separarlos.

Escribe Francisco Cervantes de Salazar en su Crónica de la Nueva España:  "(Aguilar) dixo que saltando de la barca los que quedaron vivos, toparon luego con indios, uno de los cuales con una macana hendió la cabeza a uno de los nuestros, cuyo nombre calló; y que yendo aturdido, apretándose con las dos manos la cabeza, se metió en una espesura do topó con una mujer, la cual, apretándole la cabeza, le dexó sano, con una señal tan honda que cabía la mano en ella. Quedó como tonto; nunca quiso estar en poblado, y de noche venía por la comida a las casas de los indios, los cuales no le hacían mal, porque tenían entendido que sus dioses le habían curado, paresciéndoles que herida tan espantosa no podía curarse sino por mano de alguno de sus dioses. Holgábanse con él, porque era gracioso y sin perjuicio y vivió en esta vida tres años más, hasta que murió..."

De un lado Aguilar se mantuvo a lo largo de su cautiverio en la postura del diácono sumiso y cordial con sus captores y lo hizo con genuflexiones hacia sus anfitriones. Guerrero en cambio fue más intrépido y por sus conocimientos militares pronto se hizo amigo de un cacique local. Veamos qué sucedió al cabo de ocho años, entre 1511 y 1519, de estancia de ambos entre el pueblo maya.

Tiempos de esclavitud:  "...traer a cuestas la leña, agua y pescado, y estos trabajos sufríalos Aguilar con alegre rostro por asegurar la vida, que tan amada es. Naturalmente estaba tan subjecto y obedescía con tanta humildad, que no sólo con presteza hacía lo que su señor le mandaba, pero lo que cualquier indio por pequeño que fuese, tanto que, aunque estuviese comiendo, si le mandaban algo, dexaba de comer​ por hacer el mandado....", continúa refiriendo Cervantes de Salazar del propio decir de Gerónimo. 

Se cuenta en otras fuentes como las del propio Bernal Díaz del Castillo que por su lado Guerrero fue esculpiendo su propio destino, se prendió de la cultura maya y de su gente. Tuvo trato con diversos grupos mayas y fue entendiendo las relaciones no siempre cordiales entre ellos. Se politizó pues. En un momento dado le tocó jugar el papel de héroe con su amo maya, llamado Balam, a quien salvó la vida al ser atacado éste por un caimán y pagando en recompensa con la libertad de su esclavo. Más aun, su antiguo señor, Nachán Can, decidió entregarle a su hija Zazil Ha para que casara con ella y con la que tuvo tres hijos, dos varones y una mujer, llamada Ixmo.  De aquí que sea él, Gonzalo Guerrero, quien tiene en México la titularidad del honroso apodo de "padre del mestizaje".  A diferencia de los epítetos que cosechó más tarde de sus paisanos de la España conquistadora: "traidor a la patria, a su religión y a su rey". 

Ya como hombre libre nuestro Guerrero, el que había sido esclavo de los mayas se volvió en verdad guerrero. Fue nombrado nacom por su suegro, esto es jefe militar, y encabezó grupos de la milicia regional. Escaló su fama y su prestigio personal. Era bien querido por su pueblo adoptivo. Enseñó a guerrear con estrategias y técnicas diferentes a las del mundo maya en cuyo ámbito se transformó culturalmente, eso que los sociólogos llaman transculturizarse,  Ese proceso personal también robusteció a los mayas, dicho esto sin menoscabo de su condición de pueblo indómito. Tal vez por ello, al menos en una pequeña parte, fue que, transcurridos los años, al avanzar los planes de conquista, los españoles tuvieron que hacer un mucho mayor esfuerzo en vencer y conquistar. Para ejemplo, quizá abusivo, basta un botón: los itzáes no fueron conquistados y dominados al mismo tiempo que el resto de los pueblos de Mesoamérica. Después de un largo tiempo y gran esfuerzo de los tres Montejo, padre y "adelantado", su hijo y su sobrino, conquistadores de la península de Yucatán, lo más que lograron en el caso de este importante grupo de habitantes del Mayab, los itzáes,  fue que estos recularan y se refugiaron en su inexpugnable Tayasal del Petén hoy guatemalteco. Y no fue sino hasta 1697, ¡¡un siglo y medio después del resto del Mayab!!, cuando Martín de Urzúa siendo capitán general del Yucatán novohispano, por fin los conquista y los somete al imperio español.

Cuando llegó Hernán Cortés a Cozumel, al principio de su periplo de conquista en 1519, ocho años después del naufragio ya referido y manda llamar, mediante sendas cartas, a Jerónimo y a Gonzalo, de quienes había escuchado que vivían en esos parajes, usando los correos humanos de los jefes mayas que lo recibieron en la isla, el primero, el diácono, atiende solícito el llamado y el segundo, el guerrero, manda un mensaje con el mismo Aguilar quien fue personalmente a tratar de convencerlo de reincorporarse con sus paisanos:

 Hermano Aguilar, yo soy casado y tengo tres hijos - le dijo. "Tienenme por cacique y capitán cuando hay guerras, la cara tengo labrada, y horadadas las orejas, que dirán de mi esos españoles, si me ven ir de este modo? Idos vos con Dios, que ya veis que estos mis hijitos son bonitos, y dadme por vida vuestra de esas cuentas verdes que traéis, para darles, y diré, que mis hermanos me las envían de mi tierra". La mujer con quien el Guerrero estaba casado, que entendió la plática del Gerónimo de Aguilar, enojada con él dijo: "Mirad con lo que viene este esclavo á llamar á mi marido, y que se fuese en mala hora, y no cuidase de más... "Hizo de nuevo instancia Aguilar con el Guerrero, para que se fuese con él: diciéndole, que se acordase era cristiano y que por una india no perdiese el alma, que, si por la mujer e hijos lo hacían que los llevase consigo, si tanto sentía el dejarlos. No aprovechó tan santa amonestación, para que el Gonzalo Guerrero fuese con Gerónimo de Aguilar, que viéndole resuelto en quedarse, se fue con los dos indios de Cozumel al paraje donde quedó el navío." Así lo contó Bernal Díaz, testigo presencial de tales acontecimientos ya que venía con Cortés en su expedición.

Y pues Aguilar partió, quedándose Guerrero y apropiándose cada uno de un destino diferente y para siempre, en confines separados. Jerónimo, ya maya parlante, serviría a Cortés en la crucial tarea de entender lo que adversarios y aliados le decían en las jornadas iniciales de la conquista, completando el triángulo virtuoso con Malintzin, esclava que fue dada a Cortés poco después, como tributo en la primera gran batalla que tuvo el extremeño en suelo mesoamericano y que ganó, el mes de marzo de ese mismo año de 1519: la de Centla. Malintzin hablaba la maya y el náhuatl, idioma de los mexicas. Jerónimo, el castellano y la maya. Cortés dirigía y era el beneficiario del puente idiomático que se estableció. Menuda arma bélica con la que los tres vivieron su papel en la conquista de México.

Cierro este capítulo de la saga, el número 4, ofreciendo un último dato de nuestros dos protagonistas. Aguilar murió en 1531 cerca del río Pánuco, siendo encomendero nombrado por la corona en la floreciente Nueva España. Vivió 42 años. Murió rico. Guerrero por su lado falleció 5 años después, en 1536, en un campo de batalla, por un tiro de arcabuz recibido en la cabeza, según anunció oportunamente el cacique Cicumba en Puerto de Caballos, actualmente Puerto Cortés, en Honduras, hasta donde se había trasladado para apoyar la defensa de los pueblos tolupanes ante la guerra de dominación conducida y al fin ganada por sus paisanos españoles. Habían transcurrido 25 años desde su naufragio en el mar Caribe mexicano y 66 de haber nacido en Andalucía. Murió por los mayas, sintiéndose maya.

(Continuará....)

Rodolfo Menéndez y Menéndez.

Mérida, Yucatán, México


domingo, 4 de febrero de 2024

Saga de la conquista de México, 3. La expedición de Juan de Grijalva en 1518

 

Encuentro entre el jefe maya Tabscoob y Juan de Grijalva en Potonchán, 1518.

(Detalle del mural público realizado por el maestro Héctor Quintana en Tabasco, México)


Hace 506 años, en 1518, un forastero de 28 años le puso Grijalva, su apellido, a uno de los grandes ríos de Mesoamérica. El río que los mayas chontales de la región habían llamado Tabasco sigue llamándose así: Grijalva. Esta es la historia que hago formar parte, con el número 3, de la saga de la conquista de México.

Se cumplió poco más de medio milenio de que Juan de Grijalva, aventurero español, castellano de la provincia de Segovia, nacido en Cuéllar en 1490, pusiera su apellido para nombrar al caudaloso río en el que se internó a bordo de su bergantín aquel fin de la primavera de ese año de 1518. Poco antes, este joven había sido comisionado por su tío Diego Velázquez, entonces gobernador de la isla de Cuba, para encabezar la segunda expedición hacia Yucatán que los españoles recién llegados a América creían región insular,

La expedición que contó con 4 embarcaciones y 240 hombres había salido a finales de enero de ese mismo año, de la población de Santiago en el extremo oriental de Cuba, para una nueva exploración de la entonces ignota (para ellos) península de Yucatán, cuya guerra de conquista estaba lejos de iniciarse.

Después de zarpar rodeó primero la isla de Cuba deteniéndose en Matanzas unas semanas, seguramente para avituallarse y cruzar después el canal que conecta el mar Caribe al Golfo de México haciendo escala en la isla de Cozumel, en donde permaneció tiempo suficiente para que se bautizara al lugar el 3 de mayo: Santa Cruz de Puerta Latina y para que Juan Díaz, el capellán y relator que había sido designado por el tío Diego para la expedición, dijera la primera misa católica registrada en la historia de lo que ahora es México. 

Retomaron su rumbo los expedicionarios hacia el norte, creyendo navegar entre dos islas, para seguir el litoral yucateco y repetir el recorrido que un año antes, durante los primeros meses de 1517, había realizado Francisco Hernández de Córdoba, al que el mundo contemporáneo quiso atribuir el mal llamado "descubrimiento" de Yucatán. Recordemos que Hernández de Córdoba tuvo que regresar a Cuba después de una fiera escaramuza con los cohuoes (etnia chontal maya) de la que salió malherido en la población de Chakán Putum (hoy Champotón, Campeche, México) y que moriría poco después a consecuencia de las heridas recibidas en aquella escala de la expedición de 1517.

En esta segunda intentona ordenada por Velázquez (habría una tercera, la de Hernán Cortés), Juan de Grijalva, nuestro explorador cuellarano, correría suerte distinta a la de su antecesor. Había prometido al tío que le confió el mando de la expedición, colonizar tierras y establecer base en el territorio. Debía arriesgarse. A sabiendas, tuvo la osadía de volver a hacer un alto en su camino en la población llamada por ellos mismos ''de la mala pelea'', en la región de los aguerridos mayas, precisamente donde hirieron de muerte al capitán de la primera expedición.

Volvieron a enfrentarse mayas contra foráneos como el año precedente lo habían hecho, llevando en esta ocasión la peor parte los de casa. Mataron al batab (jefe) maya y aunque Grijalva también resultó herido por flecha, perdiendo en la pelea dos de sus dientes, pudo recuperarse y continuar su correría rumbo al destino que la historia le tenía reservado. Navegaron rumbo al sur-poniente hasta alcanzar la laguna de Términos deteniéndose en lo que es hoy isla del Carmen. "Términos" fue el nombre que acuñó para esa gran aguada Antón de Alaminos, piloto de la expedición -lo había sido también en la expedición de Hernández de Córdoba y lo sería después en 1519 en la tercera expedición-, quien sostenía la idea de la insularidad del Yucatán y que supuso en aquel entonces, al internarse en la laguna, que ahí terminaba la isla.

Y aquí, vale una anécdota de aquel viaje: cuenta Juan Díaz, el capellán relator, en su "Itinerario de la Armada" cuando narra los acontecimientos que vivieron, que en esa escala de la expedición se extravió en la isla a la que descendieron en busca de agua dulce y víveres, una lebrela (perro hembra de raza galgo) que los acompañaba precisamente para cobrar piezas de cacería como venados y conejos y comerlas a bordo. El animal había desembarcado con algunos de los expedicionarios perdiéndose en su incursión. Debiendo partir sus amos por las premuras del viaje se fueron sin ella, abandonándola. Lo curioso del caso es que un año después, uno de los barcos de la expedición de 1519 ya encabezada por Cortés, encontró a la lebrela cuando, obligados por un mal tiempo, tuvieron los tripulantes que recalar en la isla. Parece que el animal dio muestras de gran júbilo, ladrando y correteando sin cesar, al ver la embarcación parecida a la que la había abandonado, facilitando así su inusitado e improbable rescate.

Regresando a nuestra segunda expedición, después del deplorable abandono de la lebrela, llegaron los expedicionarios a la región de Centla. Desde el mar pudieron divisar la desembocadura impresionante del gran río. Así lo cuenta Díaz, el relator:

"Comenzamos a 8 días del mes de junio de 1518 y yendo la armada por la costa, unas seis millas apartadas de tierra, vimos una corriente de agua muy grande que salía de un río principal, el que arrojaba agua dulce cosa de seis millas mar adentro. Y con esa corriente no pudimos entrar por el dicho río, al que pusimos por nombre el río de Grijalva. Nos iban siguiendo más de dos mil indios y nos hacían señales de guerra, este río viene de unas sierras muy altas y esta tierra parece ser la mejor que el sol alumbra; si se ha de poblar más, es preciso que se haga un pueblo muy principal: llámase esta provincia Potonchán."

Juan de Grijalva decidió internarse por el caudaloso río luchando contra corriente hasta la población de Potonchán, lográndolo. Se entrevistó ahí con el gobernante maya Tabscoob (el Jalach Uinik) con el que intercambió regalos sin entrar en mayores conflictos con la población que miraba expectante a los visitantes (ver la imagen de aquella escena en la parte superior de este escrito, realizada por un artista contemporáneo nuestro). Fue en este encuentro cuando los españoles obtuvieron los primeros informes del imperio azteca situado según los informantes al occidente de aquellos parajes, más allá de las montañas, en el altiplano: "¡Colúa Mexica!" contestaban los lugareños cuando los expedicionarios preguntaban por el oro contenido en algunos de los presentes que se les ofrecieron.

Así pudieron los recién llegados constatar la importancia del río y el valor estratégico del sitio. Un año después, en 1519, llegó al mismo lugar Hernán Cortés quien fue recibido con abierta hostilidad por los habitantes. Se enfrascaron entonces en una fragorosa batalla, la renombrada batalla de Centla, de la que salieron vencedores los españoles, hecho que permitió fundar la primera población de la Nueva España: Santa María de la Victoria. Pero esto es otro acontecer de la historia que relataremos en el número 4 de esta saga. 

Regresemos a la expedición de Grijalva para concluir esta parte de nuestra historia. Reconocido el gran río y habiéndolo bautizado entre ese pequeño grupo de exploradores con el nombre del jefe, siguieron su ruta por el litoral hacia lo que hoy es Veracruz. La imaginación de Grijalva era modesta: al lugar en que hicieron escala le dio su nombre de pila: Juan... bueno, el de su santo patrono: San Juan, San Juan de Ulúa, esto último fue una concesión graciosa a los lugareños que llamaban a esa pequeña isla: Kulúa.

Un poco más se extendió la expedición de aquel ya lejano año de 1518. Llegó hasta la desembocadura del río Pánuco más al norte. En ese punto se decidiría el retorno de la expedición a Cuba. Tenía Grijalva suficientes cosas para contarle al tío... Cuando finalmente arribó a la isla se percató para su desventura que el tío lo que menos quería eran cuentos. Por los que él pudo hacer, solo recibió frialdad del pariente poderoso y desde luego su enorme desprecio. ¡Ninguna nueva posesión para la corona, ningún asentamiento prometedor, ningún indio para la esclavitud, nada contante y sonante! Puro cuento. Grijalva fue destituido como comandante y reemplazado por don Hernán Cortés, quien tendría a su cargo una nueva expedición: la tercera, la vencida.

Juan de Grijalva desilusionado, golpeado su fuero interno por su suerte y por la codicia de sus compatriotas, emprendería años más tarde dos nuevas exploraciones: una en el litoral del Golfo de México y la Florida acompañando a Francisco de Garay y la otra, en 1527, en la que se unió a Pedrarías Dávila para conquistar Honduras y Nicaragua, empresa esta última que se convirtió en su tumba ya que en esos parajes fue muerto a manos de los nativos y sus restos se perdieron en la naturaleza que vino a conocer.

No sabemos si para hacer más llevadera su desilusión el joven Grijalva pensó algún día en que el desagrado del tío, su destitución y la amargura que le produjo la falta de reconocimiento de lo que él había logrado, serían compensados por la historia más generosa para con su persona, su nombre y su estirpe. Prueba de esa generosidad histórica es el hecho de que más de quinientos años después de los acontecimientos aquí relatados seguimos hablando de esa odisea en tierras mexicanas y de que su marca personal, el nombre de su familia, a pesar de todo, a pesar del mismo proceso arbitrario y feroz usado por él y por los suyos para despojar a los lugareños de cuanto patrimonio tenían, hasta del inmaterial, su nombre, decía, el de Grijalva, sigue siendo usado para mentar al majestuoso caudal que surge de las cimas Cuchumatanes de Guatemala, las mismas que albergaron a los primeros grupos mayenses y donde se consolidaron lingüísticamente antes de dispersarse y florecer como lo hicieron por los confines mesoamericanos, al través de muchos, muchísimos siglos, antes de la llegada de los europeos. 

Hoy y aquí así es: el nombre es río Grijalva, por Juan, y no río Tabasco por los chontales, como pudo haber sido.

(Nota bene: Este escrito fue publicado originalmente el año de 2018 para conmemorar el 500 aniversario de los acontecimientos que aquí se relatan. En esta nueva edición, habiendo revisado, corregido y aumentado el contenido, lo incorporo a la saga de la conquista de México que hoy me ocupa, porque el viaje de Juan de Grijalva fue un antecedente crucial en la determinación de los personajes promotores de la conquista de estos territorios a fin de subordinarlos más tarde al Imperio Español. Diego Velázquez, Hernán Cortés, los mismos reyes católicos allende el Atlántico y otros actores primordiales de la intención conquistadora, aprendieron muchísimo de este viaje en lo particular. En todo caso, lo suficiente para comprender que ya no se trataba solo de reclutar "indios", sino que más allá de las costas hasta entonces visitadas, al occidente remoto de esas playas, en el altiplano de Mesoamérica, había algo y algunos que ameritaban no solo su curiosidad y su riesgo, sino su ambición, su tiempo y hasta su vida. Y, pues.... siguieron adelante. A la postre, la culminación de tales acontecimientos cambió al mundo europeo renacentista, las relaciones de poder entre los poderosos, la geopolítica entonces vigente y desde luego, en estos lares, la vida íntegra de los pueblos que aquí vivían…)


Rodolfo Menéndez y Menéndez
Mérida, Yucatán, México.
(Continuará...)

domingo, 28 de enero de 2024

Saga de la conquista de México, 2. ¿Quién era Diego Velázquez?


Diego Velázquez fue un "adelantado", un dignatario venido del entonces aún en formación imperio español, designado por el rey para acometer las tareas de la exploración y la conquista de los territorios del nuevo continente que habían sido "descubiertos" por los aventureros que atravesaron el océano Atlántico en las postrimerías del siglo XV y los albores del XVI. Era este personaje un segoviano nacido en 1465 que supo crear una relación sólida con los hermanos Colón, gracias a la cual realizó el viaje de su vida, para posteriormente instalarse en la isla de Cuba, en donde fue nombrado el primer gobernador europeo de la ínsula después de haber participado en su conquista y habiendo empezado a colonizarla. Desde ahí, desde la isla, debió organizar expediciones y tareas de dominio que contribuirían a convertir a la España de la época en el imperio más rico y poderoso del mundo.

En los años transcurridos entre 1517 y 1521 Velázquez organizó varias expediciones sucesivas que habrían de transformar las relaciones geopolíticas del mundo renacentista y de entre ellas, tres que modificarían para siempre la historia y el devenir de toda la Mesoamérica, la Aridoamérica y la Oasisamérica, regiones culturales que conformaron en buena medida el México español, durante tres siglos, de 1521 a 1821, el México que es el antecedente inmediato de nuestra patria y que otrora se denominara el Virreinato de la Nueva España.

Por la visión, la ambición y hay que decirlo también, el genio político de este hombre, se crearon las condiciones o se coadyuvó seriamente a su creación, para que el fenómeno épico y singular, sin calificar sus consecuencias, de la conquista de esta vasta región del mundo se diera a manos de europeos y en detrimento de los pueblos preexistentes en ella. Esos eventos están grabados en nuestra conciencia y en nuestra realidad, para el siempre de los siempres. Así de importante para nuestra historia -ni bueno, ni malo- fue este personaje al que hoy me refiero en este segundo envío de lo que he llamado la "saga de la conquista de México".

Ya me había referido en el envío anterior, a cómo este poderoso señor del renacimiento, venido a más, y siendo gobernador de Cuba, mandó a un hacendado rico, Francisco Hernández de Córdoba, a explorar lo que ellos entonces suponían otra isla y que ahora sabemos que era una "casi isla" (península) que después llamarían Yucatán. Conté también como le fue mal, muy mal, al hacendado rico convertido en explorador y cómo éste canjeó involuntariamente su vida a cambio de un lugar en la historia de los tiempos. 

Hoy anunciaré lo que planeó Velázquez al enfrentarse a los resultados de esa primera y fallida exploración cuya intención fue, al decir de muchos de sus coetáneos, tal como relataron después Diego de LandaBernal Díaz del Castillo y el propio Bartolomé de las Casas, reclutar "indios", llevarlos en calidad de esclavos a la isla de Cuba para saciar la necesidad de los colonizadores, de contar con mano de obra, o para reponer la que ya tenían en activo y se les iba muriendo a los recién llegados a estas tierras ignotas. Esto es, quería seguir poblando la isla y en el camino, claro está, dar oportunidad a otros hacendados de enriquecerse. Pues a Velázquez se le ocurrió programar una segunda expedición encargándosela en esta ocasión a un su sobrino (algunos historiadores dicen que no hubo tal parentesco), otro originario de Cuéllar, Segovia, llamado Juan de Grijalva

Éste, mucho más joven que Hernández de Córdoba, había nacido en 1490. Era por tanto, presumiblemente, más audaz y temerario que su cofrade y por tanto más proclive a rendir buenos frutos para los intereses del jefe Velázquez. Ya veremos en la próxima entrega, lo acaecido con el joven Grijalva que había participado en los años anteriores con su patrón, en la conquista de la isla de Cuba y estaba ya curtido por el fragor de las luchas de colonización. 

Reuniendo esa confianza que se depositaba en él, así como la experiencia en su haber, preparóse pues este segundo aventurero, para zarpar con rumbo al occidente, desde la población de Santiago, en el extremo oriental de la isla de Cuba, habiéndose fijado la fecha de partida hacia los últimos días del mes de enero de 1518. Hoy hace, días más o menos, 506 años de esos preparativos.

Rodolfo Menéndez y Menéndez


jueves, 18 de enero de 2024

Saga de la conquista de México, 1. El "descubrimiento" de Yucatán


(1517 - 2024)

 El “descubrimiento” de Yucatán
(Escrito originalmente en 2017, con motivo del 500 aniversario del acontecimiento histórico. Revisado, corregido, aumentado y publicado en 
 el viernes 19 de enero de 2024)


Francisco Hernández de Córdoba, nacido en Córdoba, España, ca. 1467 y fallecido en Sancti Spíritus, Cuba en 1517, fue un explorador español que pasó a la historia por la expedición que dirigió entre febrero y mayo de 1517, hace 507 años, que el imperio español, entonces forjándose, registró como "el descubrimiento de la península de Yucatán".
 
Cito antes de continuar, a nuestro querido amigo ya fallecido Michel Antochiw Kolpa, historiador y cartógrafo, quien en su ''Historia Cartográfica de la Península de Yucatán'' publicada en 1994 en Campeche, señala y sustenta cartográficamente:  "..existe la posibilidad de que Yucatán haya sido visitado por lo menos dos veces antes de su "descubrimiento", ambas por navegantes portugueses, la primera vez desde el norte, la segunda desde el sur..." 

Digo también que la propia enciclopedia "Yucatán en el tiempo", en el artículo correspondiente a "Historiadores de Yucatán" dice: "...todavía persisten dudas sobra la fecha real y la identidad del autor del descubrimiento (de Yucatán), ya que el mapa más antiguo en el que aparece Yucatán data de 1513, cuatro años antes del viaje de Hernández de Córdoba".
 
Más aún, desde 1511 había naufragado un barco de la flota de Diego de Nicuesa, que regresaba a La Española y algunos de sus ocupantes consiguieron salvarse. En efecto, en el momento en que los compañeros de Hernández avistaron y nombraron a El gran Cairo,
en la costa yucateca, muy cerca de Cabo Catoche, dos de aquellos náufragos, Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, vivían ya en la región del Mayab, hablaban la lengua maya de la zona, y el segundo incluso, gobernaba una comunidad indígena.

De lo anterior se desprende que quienes le atribuyen a Hernández de Córdoba ese denominado “descubrimiento” se equivocan palmariamente. En todo caso deberíamos atribuir a este famoso explorador que entregó su vida por hacer la travesía, el bautizo con el nombre que hasta hoy se usa para denominar a la región peninsular: Yucatán, en vez de -tal vez- EL MAYABAunque, con relación a esto, hay historiadores que afirman que el primero que usó el término Yucatán como toponímico, por una mala interpretación del decir de los lugareños con quienes interactuaron, fue Bartolomé Colón, hermano de Cristóbal y protagonista también del proceso “descubridor”. 

Ahora bien, nada de lo anterior quita mérito al "descubrimiento" (lo sigo entrecomillando) de Hernández de Córdoba, por cuanto que, con relación a los portugueses, aunque se acepte que avistaron las tierras del Mayab, ellos no registraron historiográficamente el evento, ni allanaron el camino para el reclamo de nuevas tierras, como sí lo hicieron los europeos que siguieron los pasos de Hernández de Córdoba, hasta lograr la ingente conquista territorial de toda Mesoamérica, y mucho más, que marcó la historia. Y, con relación a los náufragos, pues eso fueron: náufragos, que llegaron al Yucatán por accidente, sin voluntad de hacerlo y su "descubrimiento" hubiera quedado en el olvido de no haber sido rescatado uno de ellos, Jerónimo de Aguilar, años después, en 1519, por el mismísimo Hernán Cortés
 
Corre pues el sexto centenario (más de medio milenio) del "descubrimiento" de la península de Yucatán, hoy territorio de México y morada nuestra.... 
 
Cierro este relato de carácter conmemorativo, a reserva de volver a él con otro hilo conductor en fecha próxima, recordando también que esta expedición fue encargada a Hernández de Córdoba por Diego Velázquez, el entonces gobernador de Cuba, con el propósito ulterior, según Bernal Díaz del Castillo -testigo presencial-, de conseguir "indios" para que trabajaran en las propiedades de los españoles que ya vivían en la isla.  Y abundo para la recolección de todos: la expedición costó la vida a Hernández de Córdoba quien falleció a los pocos días de regresar a Cuba el mismo año de 1517, como consecuencia del propio viaje, ya que fue herido con flecha por los "indios" mayas, los mismos que había venido a buscar para esclavizarlos, en Chakán Putum (Champotón), en la escaramuza, que no batalla -llamada por los perdedores como "La Mala Pelea"- había sufrido severamente durante el viaje de retorno, que se hizo con escala´de paso debido quizá a la falta de agua y la consecuente sed, en la Florida, de tal manera que su salud quedó gravemente comprometida produciéndose poco después, al arribar a Cuba, el desenlace fatal.

Irónico me parece, sí, que el viaje que hizo inmortal a este aventurero ante la historia haya sido el mismo que le quitó la vida.
 
 
Rodolfo Menéndez y Menéndez
Mérida, Yucatán, el 18 de enero de 2024.

jueves, 11 de enero de 2024

Nota del NYT de enero de 1942 comentando el libro NAYAR de Miguel Ángel Menéndez Reyes

 






Novela de Miguel Ángel Menéndez. Premio nacional de Literatura, 1940 
Hace más de cuatro siglos, Nuño de Guzmán estrelló su crueldad y violencia de conquistador ante el altivo sentimiento de libertad con que le resistió la tribu Cora. Inútilmente los misioneros buscaron un resquicio para infiltrar en ella la religión de los blancos. En la sierra del Nayar perdura tenazmente, aún hoy, la vida indígena preñada de confusión -paganismo, superstición, sentimientos simplistas cristianos- vida que es incapaz de otorgar a la tribu calidad humana de bienestar. El alma cora, con su voluntad de sobrevivir, mantiene intocable su actitud tradicional de lucha; hace escudo de su aislamiento, en contra de las leyes de los blancos, que carecen de sentido para normar su vida. Este libro condensa aspectos salientes de un mundo real, en olvido, que se halla fuera de las condiciones de tiempo y espacio y que pervive en espera de su hora. (Tomado de Wikipedia en español) La edición más reciente del libro es de Editorial Porrúa, Colección Sepan Cuántos, año 1991, Número, 336.
 ISBN 968-432-187-2

jueves, 20 de junio de 2019

Epitafio para el Wiki (16/12/2008 - 19/06/2019)


Wiki perro, fuiste el testigo más fiel del arduo trabajo digital de tu prójimo amo, compañero entrañable de caminatas diarias, de piruetas mareadoras laboriosamente autistas, todas sobre tu propio eje. Un sujeto de piel de elefante y cola de hipopótamo que si a alguien hiciste algún mal, lo hiciste sin saberlo. Amante de perseguir urracas, que de 5 millones y medio de intentos, lograste de por vida tan solo dos capturas. Azote efectivo de ''zorros'' y de tlacuaches.  Conato de can que de pliegues los tenías todos, el ardor te gobernó hasta la sangre y de por vida por un hongo perverso y crónico que afiladas garras nunca apaciguaron. Muros y chaflanes bien perfilados dejas por rascarte hasta la médula y que hoy se reivindican a la posteridad para, sobre toda añoranza, tenerte a ti en el pensamiento. Te nos fuiste al amanecer de cualquier día, que al llamado al asfalto tibio para la caminata cotidiana, tu ausencia fue instantánea al no advertirse ni tu trompa, ni tu arruga colgante ni tus garras golpeteando la loseta. Buen día no lo fue desde un principio, lo fue más tarde al sentirte en paz con tu partida. Vuelas ya en las alturas donde a  istmo de fauce tendrás cientos de urracas, libre ya de comezón y repleto de sabiduría canina, gran Wiki querido, gracias por tu compañía.

Rodrigo Antonio......






Mozart - Piano Concerto No. 21, K.467 / Yeol Eum Son

domingo, 12 de mayo de 2019

Los Menéndez de Yucatán....

Miércoles 12 de mayo de 1869, Puerto Sisal, Yucatán: Atraca la goleta Isabelita proveniente de La Habana.





Los Menéndez de Yucatán.....

Se cumple este 12 de mayo el sesquicentenario (1869 - 2019) de la llegada  al puerto de Sisal, Yucatán, México, de los hermanos Menéndez De la Peña, Rodolfo y Antonio, y de la esposa de este último, Ángela González Benítez, a bordo de la goleta Isabelita. 


Habían zarpado en el velero del puerto de La Habana el 10 de mayo escapando a la acción de las autoridades españolas que los acosaban por su vínculo con los independentistas cubanos, convocados  en 1868 por Carlos Manuel de Céspedes al grito de ¡"Independencia y Libertad"! (el llamado Grito de Yara) que propiamente inició la Guerra de los Diez Años, misma que fue insuficiente para liberar a la isla del imperio al que estaba sujeta.

Hicieron la travesía con un grupo encabezado por sus abuelos maternos, José Antonio De la Peña y Múgica y Antonia Pérez de De la Peña. Venía también la hermana, Sofía Menéndez De la Peña, que habría de fallecer enferma de tuberculosis unos cuantos años después en la ciudad de Mérida. Antonio Menéndez, el mayor de los hermanos, había contraído nupcias el 30 de abril de 1869, días antes del viaje, con Ángela González. Todos ellos, con unas quince personas más, miembros de la familia De la Peña, cruzaron esa ocasión el Canal de Yucatán tomando rumbo al Suroeste con la intención de iniciar una nueva vida. 

Rodolfo Ménendez nos relata acerca del viaje en sus notas biográficas, escritas en 1908. Cuenta cómo el azar determinó el destino de la familia: el abuelo quien pagó el viaje a todos, había considerado en sus planes de huida dirigirse al Canadá, pero en la búsqueda del barco que los hubiera trasladado al puerto de Halifax se topó con un doctor, Méndez de apellido, yucateco de origen, que lo convenció con diversos argumentos de que deberían encaminarse hacia la cercana península.  "A poca distancia de Cuba -le dijo-, hay un país, sano, bueno y hospitalario: la vida allí es barata, la gente sencilla y laboriosa. En ninguna parte pueden estar mejor que allí. Ese país es mi patria, Yucatán. La Isabelita es una goleta que hace viajes a Sisal: está hoy en puerto, pues llegó ayer; si usted quiere, puede fletarla, ahí cabe perfectamente toda la familia. En Yucatán estarán como en su propia tierra y a un grito de Cuba. Allí hay varios cubanos y han sido muy bien recibidos. Más aun -agregó- "mi hermano Terencio les recibirá a ustedes y les ayudará en todo cuanto sea necesario". El abuelo recapacitó y cambió el rumbo de la fuga familiar..... y al hacerlo, el destino vital de todos sus acompañantes.... Dio pábulo así a las generaciones de Menéndez, los de Yucatán, que los sucedieron. Ya han transcurrido seis de ellas y corre la séptima con el nombre y los genes, cada vez más diluidos es cierto, de quienes llegaron aquel día a la costa yucateca, hace ciento cincuenta años.


Podemos imaginar la expectativa y la incertidumbre que reinó al momento de la llegada de aquel grupo de cubanos descendientes de españoles. Abuelo y abuela al frente de una larga prole de más de veinte personas que incluía a un pequeño de un año de edad, adentrándose en un territorio ignoto para ellos. Podemos sentir cómo esa incertidumbre se fue instalando en el ánimo de los protagonistas al descubrir que  en aquel entonces (1869) Yucatán estaba sumido en las tensiones de la  Guerra de Castas  iniciada hacía doce años  (no terminaría sino hasta empezado el siglo XX).  Podemos percatarnos, en fin, del desasosiego de los recién llegados cuando descubrieron que bajo la gubernatura de José Apolinar Cepeda Peraza, hermano del general Manuel Cepeda Peraza quien acababa de morir después de haber restaurado la república juarista en la península al derrotar por las armas a las fuerzas militares del segundo imperio mexicano, se manifestaba clara una crisis política que mantenía los ánimos públicos crispados, por decir lo menos, en medio de una severa atonía económica. Todo ello lleva en suma a pensar que nuestros antepasados, a su arribo a la nueva patria tuvieron seguramente un recibimiento muy diferente al que el señor Méndez les había augurado como cierto y seguro en La Habana, unos cuantos días antes. Debieron sin duda pasar por tiempos difíciles.


Al pisar tierra peninsular el grupo se dispersó. Los hermanos varones Menéndez De la Peña, con Ángela, mujer de Antonio, llegaron a Mérida, la capital del estado, y decidieron mientras se daban a conocer como lo que eran, maestros titulados de primera instrucción, iniciar un pequeño negocio de tabaco en el que tenían alguna experiencia por haber trabajado en ello en San Juan de los Remedios, su tierra natal. Se instalaron en un local, ahí entre la esquina de La Tucha y La Tortuga. "Eso daba poco. No encontrábamos trabajo y como nadie nos conocía y la situación financiera del país era muy difícil, parecía segura nuestra ruina", refiere Rodolfo en sus memorias. Así habrán mal pasado nuestros personajes sus primeros tiempos en la tierra de su adopción. El menor de los Menéndez, Rodolfo, confiesa que se desesperó y decidió volver a Cuba unos cuantos meses después de haber salido, con la intención de reincorporarse a la lucha libertaria. No regresaría a Yucatán sino hasta 1873, cuatro años después, al verse amedrentado por las circunstancias más adversas que encontró en la isla y frustrado por la esterilidad de los esfuerzos empeñados.

Se reencontraron por fin los hermanos Menéndez De la Peña en Valladolid, una de las ciudades de Yucatán en las que se vivió de forma más cruenta y con mayor intensidad el conflicto social que representó la Guerra de Castas, y donde ya para entonces vivían Antonio y Ángela, ejerciendo ambos su profesión, enseñando a leer y a escribir a la niñez maya del oriente del estado y siendo ella la directora de la escuela para señoritas La Esperanza. Un poco antes, en una escala de su periplo yucateco, viviendo en Tixkokob, habían nacido sus primeros hijos... ya mecían la cuna de su descendencia en el Mayab, lo que desde luego les daba carta de naturalidad en su nueva patria. Rodolfo, en 1875 encontró compañera ahí mismo, en Valladolid: Flora Mena y tendrían su primera hija, Libertad, que nació en esa ciudad oriental.  Las dos familias encontrarían hacia 1878 un proyecto más integral en Izamal decidiendo mudarse a esa "ciudad de los cerros", donde nacerían otros de sus hijos.  Retornaba la certidumbre y la estabilidad al ánimo de los nuevos yucatecos. A partir de entonces sintieron definido, ya para siempre y hasta sus respectivas muertes, el proyecto común de altruismo y el trayecto inmutable como pedagogos y servidores de la instrucción pública que los animó hasta convertirse en Yucatán, cada uno de ellos, por su propio mérito, en faros de luz y sabiduría, proyectándose desde la humildad de sus respectivas vidas hasta la eternidad de la gratitud yucateca que 150 años después de su llegada les sigue rindiendo homenaje. 

Los hijos de Antonio y de Ángela fueron: Yara, Carlos, Bolivia, Sofía, Antonio, Antonio (2), Óscar.

Los hijos de Rodolfo, quien tuvo dos matrimonios, el primero con Flora Mena Osorio, vallisoletana, fueron: Libertad, Rodolfo; Conrado, Conrado (2), Hidalgo, Estrella, Américo, Flora, Héctor e Iván. Tras el fallecimiento de Flora Mena en 1901,  Rodolfo volvió a casarse en 1903 con Nemesia Rodríguez y Castillo, originaria de Sotuta, con la que procreó tres hijas: Corina, Cordelia y Leticia.



A esta fecha, todas las personas señaladas anteriormente, primera generación de los Menéndez de Yucatán, han fallecido. Están en el reino de los vivos 6 generaciones descendientes de aquellos mencionados y de los aguerridos que llegaron en la goleta Isabelita en 1869 un día de mayo, como hoy, para transmitirnos sus genes y ofrecernos su ejemplo que admiramos.



En memoria de mis bisabuelos a quienes me enseñaron a querer y a respetar, sin haberlos conocido, escribo esta nota como homenaje y recordatorio de la efeméride familiar en este 150 aniversario de su llegada a nuestra tierra: Yucatán.


Rodolfo Antonio Menéndez Menéndez.