jueves, 12 de agosto de 2010

Otro sí digo de Dulce María Sauri: las omisiones de la historia oficial.

Historia d México0002 “Viaje por la Historia de México” de Luis González y González

(Contada a través de sus personajes, en esta presentación de nuestra historia que nos hace llegar el gobierno federal con motivo del bicentenario, sólo dos mujeres de la vida real, sin contar con una tercera de la mitología, merecen recuadro. Ni siquiera Malintzin, a quien se menciona sólo de refilón, bajo el rubro de Hernán Cortés. De cien personajes, dos. ¿Serán realmente las mujeres el dos por ciento de nuestra memoria histórica? ¡Error! N del E.)

Dice Dulce María Sauri:

Desde hace algunos meses circula profusamente por todo el país el “Viaje por la Historia de México”, de la autoría de Luis González y González. Se ha rumorado que la reimpresión correspondiente a 2010 alcanzará la fabulosa cifra de ¡20 millones!, de ejemplares para que puedan llegar a cada hogar del territorio nacional. La coedición está patrocinada por la Secretaría de Educación Pública y la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito, lo que garantiza la disponibilidad de recursos económicos y la realización del amplio tiraje por la experiencia de la CONALITEX en estos menesteres.

Sin lugar a dudas, es un esfuerzo loable, de los muy pocos para conmemorar el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución que se pueden tocar y palpar. No obstante la solidez del distinguido historiador cuya obra sirve de base al libro, y de la misma advertencia del autor de que “…Habrá quien se pregunte por la ausencia de algún prohombre (destacado DMSR) en este álbum, o critique la inclusión de personas que no son de su agrado…”, la casi total ausencia de personajes femeninos desde “Los orígenes de Mesoamérica” hasta el capítulo “Fin de Siglo”, es patente.

¿Dónde quedaron las mujeres en más de 2 mil años de historia patria? ¿Se extraviaron? ¿Las ignoraron? ¿Fueron despreciadas o consideradas como “poco significativas” para ser destacadas? Lo cierto es que la edición sólo incluye 3 personajes femeninos, dos de ellos presentados en el capítulo “La etapa barroca”, correspondiente al siglo XVII, calificado como “el siglo olvidado”: Nuestra Señora de Guadalupe y Sor Juana Inés de la Cruz, que comparten siglo y página. La tercera es Josefa Ortiz de Domínguez, la Corregidora, que es registrada en la parte de “Antecedentes de la Independencia”. Y después ninguna más.

Leona Vicario fue ignorada. Carmen Serdán, Hermila Galindo y Elvia Carrillo Puerto no alcanzaron mención alguna en la parte correspondiente a la Revolución. En “La Generación del Medio Siglo” dejaron a un lado a Rosario Castellanos. Griselda Álvarez, primera gobernadora y distinguida literata, no calificó para ser incluida entre los personajes destacables.

El colmo está en la parte final del libro, “La generación de Fin de Siglo”: tampoco figura una sola mujer entre los 8 personajes destacados del mundo de las artes, de las ciencias y la literatura, 6 todavía vivos y dos ya fallecidos. ¿Y Elena Poniatovska? ¿Y Julieta Fierro?

Esta selección de personajes que le ponen nombre y rostro a dos milenios de historia compartida, demuestra con prístina claridad el dominio de una visión misógina y androcentrista del proceso de construcción de la identidad nacional.

No es un secreto que las resistencias más fuertes a la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres están en el ámbito de la cultura y de los valores. La invisibilidad de la aportación femenina a la historia de México queda en evidencia en las 65 páginas y cien ilustraciones de la historia oficial. Lo lamentable es que sea la propia SEP, la institución responsabilizada de la transmisión de los valores de igualdad, equidad y no discriminación, la que reproduzca los prejuicios y estereotipos de exclusión que patentemente acompañan este libro.

Luis González y González falleció en 2003. Por tanto, la selección del capítulo final no fue realizada por el autor que sólo veía peligro en la exclusión de “prohombres”, no de alguna mujer. Quienes efectuaron la revisión y decidieron no ver ni oír a las mujeres, la “otra mitad” de la población de México, tendrían que dar una amplia explicación a la sociedad por su ceguera e indiferencia.

¿Qué sentirán las niñas y jóvenes mujeres que lean el “Viaje”? ¿Pensarán que son las “Adelitas” del siglo XXI, heroicas, pero sin nombre propio ni rostro individual?

Quizá ya es tarde para corregir una edición de 20 millones de ejemplares, a menos de 40 días de los 200 años del Grito de Dolores. Pero estamos a tiempo para darle rostro y nombre a la aportación femenina a la construcción del México del siglo XX y de los albores del XXI, en las artes, en las ciencias, en la organización social y en la política.

No habría mejor forma de conmemorar las fechas históricas que dando voz a los excluidos de la historia oficial, mujeres y hombres que han sufrido discriminación y desventajas por su género o su origen étnico.

Licenciada en Sociología por la Universidad Iberoamericana. Gobernó el Estado de Yucatán, entre 1991 y 1994. Entre muchas otras actividades, fue Presidenta del Comité Directivo Estatal del PRI en Yucatán (1983-1987), Secretaria de Finanzas del Comité Ejecutivo Nacional del PRI (1988-1990), Secretaria General del CEN del PRI (marzo-noviembre de 1999) y Dirigente Nacional del CEN del PRI (1999-2002). Como legisladora, fue Diputada Federal por el estado de Yucatán en dos ocasiones: LII Legislatura (1982-1985) y LVI Legislatura (1994-1996), así como Senadora de la República por el Estado de Yucatán en las LIV y LV Legislaturas (1988-1991) y en las LVIII y LIX Legislaturas (2000-2006). dulcesauri@gmail.com