sábado, 15 de mayo de 2010

Rodolfo Menéndez de la Peña, el día del maestro y Salvador Alvarado.

Maestro Rodolfo Menéndez de la Peña (1850 – 1928). Fotografía de 1901
Hoy se cumplen 160 años del natalicio de don Rodolfo Menéndez, fundador de mi estirpe en México, a quien debo el nombre. Maestro benemérito por declaratoria del Congreso del Estado de Yucatán en 1930. En Yucatán, decir maestro y decir Rodolfo Menéndez es antonomásico: la Escuela Normal fue llamada en su honor. Dedicó su esfuerzo y qué digo yo, su vida entera, a la enseñanza.
Por coincidencia o porque la historia quiso enfatizar la antonomasia, hoy, en este país, se celebra el Día del Maestro. Doble conmemoración pues, que yo quise fundir en una.
Hurgando en los anales del quehacer del bisabuelo me encontré con un discurso de un personaje también memorable en Yucatán, Salvador Alvarado, gobernador en el estado de 1915 a 1918, quien en un su discurso de clausura del primer Congreso Pedagógico de Yucatán (1915), cuya organización había confiado a don Rodolfo, dijo algo que conviene ser repetido, en remembranza de uno, como recordatorio para los otros y en fin, válgase, como llamada de atención al sistema, que evidentemente no le ha cumplido a aquellos con quienes obligación tiene.
Dijo a los maestros reunidos en tal Congreso el entonces gobernador que la Revolución trajo a Yucatán, al referirse al abandono en que se encontraba la educación primaria en el estado: “…me queda una esperanza, la que funden ustedes, y que para ser realizable urge que se den cuenta de que es ahora cuando deben redoblar sus esfuerzos. Ustedes traicionarían a la Patria, si no cumplen con su deber. Al maestro está encomendada la redención del pueblo y para ello no deben escatimar ni energías, ni oportunidad, que yo por mi parte, lo abandono todo para hacer girar el volante del progreso que tiene como eje la educación primaria. La mejor política de un gobierno es la protección a la escuela y al maestro. Es mi política, contad con ello”,
“Al salir de aquí, no crean los señores profesores que han llenado su misión, puesto que sólo vinieron (al Congreso) a plantear para resolver, la cuestión palpitante, la cuestión capital, que es la cultura del niño. Ese es el gran problema nacional y ustedes son los estadistas encargados de darle solución. A mí, más me preocupa el ábaco que la desfibradora (se refiere a una de las operaciones de la agroindustria del henequén, entonces tema toral para la economía de Yucatán) y en ustedes debe privar la misma idea. De hoy en más surja el maestro de entre sus propios escombros para redimirse, que necesita redención también, (ya) que se le ha colocado en segundo orden en el desarrollo de las actividades humanas, siendo así que su misión levanta y engrandece; pise fuerte y golpee recio que para ello tiene derecho el que da la civilización. Hecho grande el maestro, recoja su escudo y tiéndale la mano al analfabeta sacándole de la ignominia, de su ignorancia, como dijera el señor profesor Menéndez, porque de otro modo seréis culpables, señores, si por vuestro abandono deja de salir de los campos o de los pueblos un Juárez, un Altamirano o un Ocampo, de los muchos escondidos en el mundo de los olvidados…”
Opino que es válido e importante repetir todo esto en el aniversario del natalicio de mi antepasado, don Rodolfo; en el día consagrado a los maestros de la patria y en la víspera de un día electoral en un estado, como el mío, Yucatán, en que con las cifras de las últimas encuestas, más del 10 por ciento de la población padece aún, ¡casi un siglo después de pronunciadas las memorables palabras del estadista!, de la lacra infausta del analfabetismo.
R. Menéndez. Mérida, Yucatán-

A todos los maestros:
 ¡Jardineros del bien! / Continuad la labor: ¡Vuestro es el campo! / Los rosales que son todas las almas juveniles / de vuestra mano generosa esperan / cultivo y riego para ser felices. // ¡Transferid el descanso para luego, / mientras exista un huérfano del libro! Rodolfo Menéndez de la Peña.