lunes, 29 de septiembre de 2008

Shakespeare: Una nueva biografía.


La Vanguardia, diario Catalán, publica recientemente la entrevista que le hace Xavi Ayén a Peter Ackroyd, ensayista británico que recién publicó una nueva biografía de William Shakespeare. He aquí un nuevo libro para leer. A continuación la entrevista:

¿Una biografía de Shakespeare? ¿A estas alturas? Muchos se preguntaron eso al saber que Peter Ackroyd, uno de los grandes del ensayismo europeo, especializado en temas de la historia de Gran Bretaña, había emprendido la ciclópea hazaña de escribir la vida del bardo. Sin embargo, este historiador cultural se ha salido con la suya: que el lector se sienta inmerso en la atmósfera en que se manifestó el mayor 'monstruo' de la literatura universal. Su "Shakespeare. Una biografía" -publicada en inglés en el 2005 y que la editorial Edhasa sacará al mercado el próximo noviembre- es un delicioso recorrido por la historia cultural del siglo XVI, a través de breves capítulos que se extienden por más de 800 páginas. Ackroyd recibió a este diario en su despacho de trabajo en el londinense barrio de Camden.

-Sorprende que tilde usted al más universal de los escritores de "chico de pueblo"...

-Lo era. No nació ni se crió en Londres, sino en la zona rural. Sus padres eran católicos, miembros de una religión perseguida, por lo que tuvieron algunos problemas. Luego se fue a Londres a triunfar, claro.

-Abandonando a su familia...

-En Stratford dejó, efectivamente, a su esposa, Anne Hathaway, y a sus dos hijos, los gemelos Hamnet y Judith, para irse a hacer carrera en Londres. Ya dijo Goethe que "el talento se forma en la tranquilidad, pero el carácter se crea en la gran corriente del mundo". Sin Londres no existiría Shakespeare, es la cuna de su obra, y en su destino estaba irse allá. Pero debió de ser un pacto sensato con su esposa, él era un hombre pragmático.

-Pero ¿por qué no tuvieron más hijos?

-En esos años no existían métodos contraceptivos eficaces, y ella era una mujer fértil, por lo que la única explicación es que no hubo relaciones sexuales frecuentes. Sencillamente, Shakespeare no estaba allí.

-¿Como era el mundo en el que nació?

-La mitad de la población tenía menos de veinte años. Se trataba de una cultura juvenil, con energía y ambición. Londres estaba asolado por las epidemias, que diezmaban la población.

-¿Cuál ha sido su mayor descubrimiento?

-Para mí, su profesionalismo. Esa constante dedicación a la escritura. Crea la figura del escritor comercial, así como el género del teatro histórico tal como lo entendemos. Fue el primer autor moderno, en este sentido. Lo asombroso es que compaginara eso con la proeza lingüística.

-¿En qué sentido fue comercial?

-Creó la idea del escritor que escucha el latido del mercado. El escritor profesional que vive de sus ventas y depende de su audiencia para triunfar y conseguir la independencia real. Fue, asimismo, un hombre de éxito, metido en negocios. Cuando pasó a ser copropietario de la compañía, se preocupaba por que los gastos fueran limitados, y en sus obras no hay efectos especiales ni mucho papel para los secundarios, porque así no les tenían que pagar los ensayos junto a los actores principales.

-¿Era ambicioso?

-Nadie escribe 36 obras en menos de 25 años si no hay algo muy poderoso que le impulsa a hacerlo. Sí, era enormemente ambicioso, astuto, rápido y decidido. No tuvo nada de sentimental. Económicamente, triunfó, incluso alcanzó fama como prestamista, adquirió propiedades y especuló con trigo y malta en época de carestía. Murió muy rico.

-¿No era un poquito rebelde, al menos?

-No. Fue un apologista del poder real, partidario de la obediencia y contrario a todo movimiento popular. Ridiculizó el analfabetismo de la clase baja londinense, y vio la cultura como el elemento que distinguía al caballero de las masas. Se considero un hombre aparte.

-¿Qué tal actor fue?

-Formó parte de compañías como los Queen's Men, que hacían propaganda a favor del gobierno isabelino, los Lord Strange's Men, los Pembroke's Men y los Lord Chambelain's Men. Fue un buen actor, representó sus propios papeles, especialmente los de rey, por su porte decidido y su voz resonante. Casi nunca desempeñó, en cambio, papeles cómicos. Para él, su cometido de actor era importante y, a falta de su familia, formó una auténtica hermandad con sus compañeros. Hizo de actor durante más de veinte años. Aprendió a cantar y bailar, a tocar un instrumento y a dar volteretas como un acróbata.

-¿Qué importancia tuvo el teatro en aquella época?

-Fundamental. En Londres el teatro se convirtió en el medio para entender la realidad. El escenario era un símbolo del planeta entero (por eso, llamaron Globe a la nueva sala) y Londres era la primera ciudad teatral del mundo. Al principio, el teatro y el burdel supusieron una relajación de la moral convencional.

-¿A que se debe su invisibilidad? ¿Por qué sabemos tan poco de él?

-Fue un celoso guardián de su vida privada, al menos en parte. Pero sabemos que era encantador y civilizado.

-¿Qué quiere decir?

-Dulce, cortés, generoso, afable y divertido. Fue definido así por sus contemporáneos. No es el celoso Otelo ni el bullicioso Falstaff. No fue excéntrico ni llamativo, hacía sentir a sus interlocutores en pie de igualdad.

-Vaya, ¿no tenía aura?

-Ese es un gran mito que habría que demoler de una vez. Los hombres y mujeres extraordinarios suelen ser simples. Por muy grandioso que sea el personaje del que hablamos, el 95% de su vida es corriente, poco emocionante y no se diferencia del resto de los mortales. La conversación de los escritores geniales es a menudo normal y previsible. Lo que les diferencia del resto de la humanidad es su producción intelectual.

-¿Por qué dice que era femenino?

-Suele decirse de los actores que llevan la ambigüedad a sus vidas privadas. Su identidad era cambiante, pues era capaz de ver todas las perspectivas de una discusión. No sabemos aún con qué personaje se identifica en "El rey Lear" o en "Troilo y Cresida", porque nada como pez en el agua de la indefinición. Le bastaba pensar algo para convertirse en eso. Es el primer autor moderno, porque muestra la conciencia como algo inestable. Parece que se convertía en las personalidades que describía, en una suerte de rara empatía. De niño, le enseñaron retórica antigua, obligándole a discutir desde uno y otro lado de una argumentación, es decir, a adoptar todos los puntos de vista, lo que le hizo comprender que la verdad es algo maleable y que depende sobre todo de la expresividad del hablante.

-Usted dice que era sexualmente activo...

-Fue un hombre joven en el Londres bullicioso de la época...Existe una tendencia clara de sus enemigos a satirizar sus amoríos.

-Hay muchas obras suyas perdidas. ¿Descubriremos alguna?

-Eso es muy difícil, porque en la época no se guardaba nada. Todo desapareció, la mayoría de dramas de entonces no nos han llegado, Pero Shakespeare fue considerado especial y le publicaron. Hay obras, como "Edmund Ironside, de autoría discutible, que algunos le atribuyen. Y sabemos que existió, por ejemplo, "Trabajos de amor ganados", que sería la segunda parte de "Trabajos de amor perdidos".

-Usted muestra cómo plagiaba...

-Entonces era algo normal. Robó o copió algunos versos... Las obras se iban construyendo y modificando con el tiempo, cambiaban cosas constantemente, para adaptarlas a los nuevos actores. Producía a demanda, escribía muy rápido, quería amasar una fortuna... Todas las obras que hoy tenemos como sacrosantas son, en realidad, una versión provisional.

-Y hay incluso quien dice que Shakespeare fue un seudónimo colectivo...

-Eso sostienen algunos autores, desafiando a la lógica. Está claro que Shakespeare colaboró con otros y que entonces había obras que hacían entre cuatro o cinco. Pero lo excepcional de Shakespeare es que precisamente él sí conservó la autoría de las obras, no se la cedió a la compañía, como era habitual. A pesar de ello, otros autores añadieron textos a los suyos, hay rasgos claros en "Macbeth" u "Otelo".

-¿Y él escribió todo lo que se le atribuye?

-Prácticamente seguro.

-¿Qué opina del intento del agente Andrew Wylie de que la obra de Shakespeare vuelva a generar derechos de autor, para la compañía heredera de la que editó sus obras?

-No conozco bien el caso, pero no creo que esa idea vaya muy lejos. Existe un cierto consenso en aceptar que la obra de autores muertos hace más de cien años debe ser patrimonio común.

-¿Por qué compara a Shakespeare con Dickens?

-Hay curiosos paralelismos. Tuvieron gran éxito, escribían sin interrupción, ninguno tuvo educación universitaria... Eso es una paradoja que hace pensar: los mayores escritores que ha dado la lengua inglesa vienen de unos medios modestos, sin educación superior. Shakespeare aprendió gramática y retórica latinas en la escuela básica.

-¿Era él consciente del don que tenía?

-No lo sé, es una pregunta dificil de responder. Probablemente lo fuera.

-A usted le han llamado "más sociólogo que biógrafo"...

-Mmm... Por supuesto, intento hacer eso, describir el entorno. No simplemente hablar de una persona, porque para narrar una vida que tuvo lugar siglos atrás es esencial que el lector sienta cuá era el ambiente. De hecho, quise escribir sobre Shakespeare porque me interesaba explorar el siglo XVI en Londres y creí que era una buena oportunidad para captar el espíritu de una era.

-Dicen que usted trabaja desde las 7 e la mañana a las 9 de la noche. ¿Es verdad?

-Eso era cuando era joven. Ahora, de las 10 de la mañana a las 7 de la tarde.

-¿Qué tal poeta fue?

-Muy importante. Es un enigma el porqué dejó su carrera poética para centrarse únicamente en el teatro. Sus sonetos se cuentan entre las composiciones más finas y elegantes de ese período. Pero, a fin de cuentas, la poesía forma parte de toda su obra y, por sus obras teatrales, ya es el más grande poeta de su siglo.

-¿Cuál fue la primera biografía sobre Shakespeare?

-La de Nicholas Rowe en 1709.

-¿Y la que más le gusta a usted?

-No sabría decirle, las he leído casi todas, pero no por placer sino para obtener informacion.

-¿Cuál es su sistema de trabajo?

-Tengo dos ayudantes, viajo, leo libros, hago fichas y una estructura que voy rellenando... No hay grandes secretos.

-Háblenos de su faceta como novelista, porque usted tambiñen ha sido finalista del premio Booker.

-Acabo de publicar "The casebook of Victor Frankenstein", una novela gótica en la Inglaterra del XIX. Nunca he escrito sobre los románticos de modo biográfico sino solo de manera ficticia, pero en el fondo es lo mismo, siempre intento captar un ambiente, el espíritu de un tiempo. Como en "Londres" (2000), mi historia de la ciudad, que es el libro que más he disfrutado escribiendo. Ahora he acabado un libro largo sobre Venecia, que saldrá este año. Para mí no hay diferencia entre ficción y no ficción.

-Impresiona la lista de sus biografiados: Eliot, Thomas Moore, Dickens, Ezra Pound, Blake, Chaucer, Newton, Turner, Poe...

-No creo que vuelva a escribir largas biografias como esta, me gusta más hablar de ciudades, movimientos. Ya no estoy interesado en las personalidades individuales.

-¿No siente la tentación de emular a Sahkespeare y saltar al teatro?

-Algo de teatro he hecho. Una obra sobre Dickens, que se representó en Broadway. Y varios programas divulgativos para la televisión.

Un desafío a centenares de competidores

Ackroyd, con su fino humor británico y su aspecto de Falstaff erudito, admite que las más de cien biografías que existen sobre Shakespeare (1564-1607) pueden hacer pensar a alguien que ya estaba todo dicho. "Sin embargo, la mía aporta algo único: mi visión propia. Yo pongo énfasis sobre su entorno y el espíritu de toda una época. He querido reflejar cómo era el Londres de aquel tiempo y la profunda transformación del lenguaje que Shakespeare realizó. He pasado mi vida entera escribiendo sobre la herencia cultural inglesa, y supongo que lo que se esperaba de mí era una descripción del lugar donde habitó Shakespeare, de su contexto. Me interesa, sobre todo, el paisaje mental, el suyo y el de todo lo que le rodea. Este ha sido el libro más difícil de todos los que he escrito".

La primera biografía extensa que se publicó sobre Shakespeare fue Life, de Nicholas Rowe, en 1709. Aunque la moda de publicar libros sobre el cisne de Avon nació en la segunda mitad del XIX (Edward Dowden lo hizo en 1875). Desde entonces las editoriales no han cesado en el empeño. A Ackroyd le han calificado, por su visión, de "sociólogo antes que biógrafo", lo que él, sonriente, interpreta como una buena descripción de su método.

Xavi Ayén, La Vanguardia