lunes, 31 de mayo de 2010

Más sobre los mayas.

MEXICO CITY.- A scientific team discovered inside a pyramid the tomb of a dignitary that may be the earliest in Mesoamerica. It was located in Chiapa de Corzo Archaeological Zone, in Chiapas; preliminary stud Foto tomada de Art Knowledge News

Recientemente un grupo de investigadores del Instituto de Antropología e Historia, la Universidad norteamericana de Brigham (Young) y del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, hicieron un hallazgo que a la vez de importante resulta de gran interés no sólo para la comunidad científica sino también para todos los interesados en la Cultura Maya.

En el proyecto de exploración de un yacimiento arqueológico en Chiapa de Corzo, en el estado de Chiapas, México, se ha descubierto, en una pirámide, la tumba de un dignatario maya cuya antigüedad se ha estimado en 2700 años aproximadamente. Restos óseos de cuatro personas, dos de los cuales ricamente ataviados con pedacería de jade y perlas, junto con utensilios de cerámica y otros objetos atesorables en su época fueron encontrados en el sitio, de origen Zoque.

De acuerdo a los investigadores la importancia de los hallazgos reside en que permitirá ajustar las cronologías del desarrollo maya y olmeca y facilitar la confirmación de que la utilización de pirámides, como precintos funerarios, es de fechas anteriores a lo normalmente aceptado por los científicos.

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Este proyecto arqueológico en Chiapas es financiado por el gobierno de México a través del INAH y por la universidad citada por medio de la New World Archaeological Foundation, la National Geographic Society, la Comisión J. William Fulbright-García Robles y otros fondos privados.

Con base en los materiales de cerámica encontrados en el lugar, la fecha preliminar de la tumba ha sido establecida en el periodo Pre-Clásico medio, entre el 700 y el 500 AC., información que deberá ser corroborada por los métodos del carbono 14 y mediante pruebas de DNA.

Traducción de la fuente por el editor del Blog.

sábado, 15 de mayo de 2010

Rodolfo Menéndez de la Peña, el día del maestro y Salvador Alvarado.

Maestro Rodolfo Menéndez de la Peña (1850 – 1928). Fotografía de 1901
Hoy se cumplen 160 años del natalicio de don Rodolfo Menéndez, fundador de mi estirpe en México, a quien debo el nombre. Maestro benemérito por declaratoria del Congreso del Estado de Yucatán en 1930. En Yucatán, decir maestro y decir Rodolfo Menéndez es antonomásico: la Escuela Normal fue llamada en su honor. Dedicó su esfuerzo y qué digo yo, su vida entera, a la enseñanza.
Por coincidencia o porque la historia quiso enfatizar la antonomasia, hoy, en este país, se celebra el Día del Maestro. Doble conmemoración pues, que yo quise fundir en una.
Hurgando en los anales del quehacer del bisabuelo me encontré con un discurso de un personaje también memorable en Yucatán, Salvador Alvarado, gobernador en el estado de 1915 a 1918, quien en un su discurso de clausura del primer Congreso Pedagógico de Yucatán (1915), cuya organización había confiado a don Rodolfo, dijo algo que conviene ser repetido, en remembranza de uno, como recordatorio para los otros y en fin, válgase, como llamada de atención al sistema, que evidentemente no le ha cumplido a aquellos con quienes obligación tiene.
Dijo a los maestros reunidos en tal Congreso el entonces gobernador que la Revolución trajo a Yucatán, al referirse al abandono en que se encontraba la educación primaria en el estado: “…me queda una esperanza, la que funden ustedes, y que para ser realizable urge que se den cuenta de que es ahora cuando deben redoblar sus esfuerzos. Ustedes traicionarían a la Patria, si no cumplen con su deber. Al maestro está encomendada la redención del pueblo y para ello no deben escatimar ni energías, ni oportunidad, que yo por mi parte, lo abandono todo para hacer girar el volante del progreso que tiene como eje la educación primaria. La mejor política de un gobierno es la protección a la escuela y al maestro. Es mi política, contad con ello”,
“Al salir de aquí, no crean los señores profesores que han llenado su misión, puesto que sólo vinieron (al Congreso) a plantear para resolver, la cuestión palpitante, la cuestión capital, que es la cultura del niño. Ese es el gran problema nacional y ustedes son los estadistas encargados de darle solución. A mí, más me preocupa el ábaco que la desfibradora (se refiere a una de las operaciones de la agroindustria del henequén, entonces tema toral para la economía de Yucatán) y en ustedes debe privar la misma idea. De hoy en más surja el maestro de entre sus propios escombros para redimirse, que necesita redención también, (ya) que se le ha colocado en segundo orden en el desarrollo de las actividades humanas, siendo así que su misión levanta y engrandece; pise fuerte y golpee recio que para ello tiene derecho el que da la civilización. Hecho grande el maestro, recoja su escudo y tiéndale la mano al analfabeta sacándole de la ignominia, de su ignorancia, como dijera el señor profesor Menéndez, porque de otro modo seréis culpables, señores, si por vuestro abandono deja de salir de los campos o de los pueblos un Juárez, un Altamirano o un Ocampo, de los muchos escondidos en el mundo de los olvidados…”
Opino que es válido e importante repetir todo esto en el aniversario del natalicio de mi antepasado, don Rodolfo; en el día consagrado a los maestros de la patria y en la víspera de un día electoral en un estado, como el mío, Yucatán, en que con las cifras de las últimas encuestas, más del 10 por ciento de la población padece aún, ¡casi un siglo después de pronunciadas las memorables palabras del estadista!, de la lacra infausta del analfabetismo.
R. Menéndez. Mérida, Yucatán-

A todos los maestros:
 ¡Jardineros del bien! / Continuad la labor: ¡Vuestro es el campo! / Los rosales que son todas las almas juveniles / de vuestra mano generosa esperan / cultivo y riego para ser felices. // ¡Transferid el descanso para luego, / mientras exista un huérfano del libro! Rodolfo Menéndez de la Peña.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Efemérides: 5 de mayo. Batalla de Puebla.

Puebla batalla

La Batalla de Puebla tuvo lugar el 5 de mayo de 1862 cerca de la ciudad de Puebla (México), en el ataque y defensa del Fuerte de Loreto y del Fuerte de Guadalupe, durante la invasión francesa de México. Fue una importante victoria mexicana en la que se venció al ejército más experimentado y reputado de la época y aunque después se perdió la guerra que permitió la instauración del Imperio de Maximiliano de Habsburgo en México, dió aliento a los republicanos mexicanos para continuar la lucha que a la postre se ganó, expulsándose a los invasores y fusilando al principe europeo. Se conmemora en México con la fiesta del Cinco de Mayo.

Crónica

El día 2 de mayo, el Ejército Expedicionario Francés sale de San Agustín del Palmar. Entre ellos y la capital, únicamente se encuentra la Ciudad de Puebla de los Ángeles (hoy Puebla de Zaragoza) por donde los franceses esperan pasar entre aplausos y exclamaciones de los opositores del presidente Benito Juárez, siendo este uno de los lugares más conservadores del México de mediados del siglo XIX. Sin embargo, es el presidente Benito Juárez quien ordena al general Ignacio Zaragoza detener el avance de los franceses.

El 3 de mayo por la noche, el general Ignacio Zaragoza arriba a Puebla, dejando a retaguardia de los franceses una Brigada de Caballería, a fin de hostigar al invasor. La mayoría de la población de la conservadora Puebla es partidaria de la intervención, mientras el Ejército de Oriente desfila marcialmente entre las desiertas calles de la ciudad.

Fuertes de la ciudad de Puebla

El general Ignacio Zaragoza sube a lo alto del Fuerte de Guadalupe y en menos de una hora ya tiene el plan de batalla que va a seguir para la defensa de la plaza (ver tabla superior). De inmediato fortifica los reductos que se encuentran en los cerros de Loreto y Guadalupe. La guarnición cuenta tan solo con 6,700 hombres, escasamente armados. Se dice que tal fue la insolencia de los poblanos que en cierto momento Zaragoza exclamó desesperado “Qué bueno seria quemar Puebla”. Sólo lo detendría el hecho de que en "...la ciudad también hay criaturas inocentes”.

El 4 de mayo, los exploradores mexicanos vuelven con noticias de que los remanentes conservadores, al mando del General Leonardo Márquez se disponen a socorrer a los franceses. El general Ignacio Zaragoza envía una brigada de dos mil hombres al mando del General Tomas O´Horan a Atlixco, con el fin de detener a Márquez, y se dispone a preparar la defensa de la posición, evitando así su arribo a la Ciudad de México. Organiza sus fuerzas para la defensa, contando con dos Batería de Artillería de Batalla y dos de Montaña, cubriendo Loreto y Guadalupe con 1.200 hombres, formando a los otros 3.500 en cuatro columnas de infantería con una Batería de Batalla, y una Brigada de Caballería.

El ala derecha mexicana la cubren las tropas de Oaxaca al mando de Porfirio Díaz. El sitio de honor, al centro de la línea lo ocupan Berriózabal y Lamadrid con las tropas del Estado de México y San Luis Potosí. La izquierda se apoya en los cerros de Loreto y Guadalupe, con el general Miguel Negrete a la cabeza de la Segunda División de Infantería. La artillería sobrante es colocada en los fortines y reductos dentro de la Ciudad de Puebla quedando al mando del General Santiago Tapia.

A las nueve con quince minutos de la mañana del 5 de mayo, los franceses aparecen en el horizonte, cruzando fuego con las Guerrillas de Caballería que se batían en retirada, cuyos jinetes no se repliegan hasta que la milicia francesa está formada y lista para avanzar.

La batalla se inicia a las once y cuarto de la mañana, anunciándose el inicio con un cañonazo y acompañado por los repiques de las campanas de la ciudad. El Ejército Expedicionario Francés se divide en dos columnas de ataque, la primera compuesta por aproximadamente 4000 hombres, dirigiéndose hacia los cerros de Loreto y Guadalupe, protegida por su artillería, quienes arribaron delante de la infantería. Mientras que la segunda columna compuesta del resto de la infantería queda como reserva.

El 6° Batallón de la Guardia Nacional del Estado de Puebla (confundido y generalizados erróneamente como "los zacapoaxtlas", cuando estos únicamente formaban una compañía de dicho batallón(de 26 hombres) al igual que los xochiapulquenses (26 hombres), mientras que los tetelenses conformaban el grueso del batallón (115 hombres, encontrándose entre estos los Jefes y Oficiales más distinguidos del cuerpo de guerra) ocupó el puesto de honor y gloria ya que fue el primer cuerpo de guerra del Ejército de Oriente en hacer frente al enemigo y el primero en rechazar su ataque. El mismo Comandante Tomás Segura relata en una sección del Parte Oficial de la batalla remitido al General Ignacio Mejía ese memorable acontecimiento:

Gran honor tengo en poder comunicar que el suscrito fue el primer individuo de este glorioso Cuerpo de Ejército de Oriente, en hacer frente al enemigo y el primero en repeler su ataque, no impulsado por otra razón, sino por el amor que á todos los buenos mexicanos nos enardece, cuando la Madre Patria se encuentra en peligro. Mientras tanto el 6º Batallón Guardia Nacional del Estado de Puebla supo corresponder á las glorias y distinciones que se le han dispensado, pués(sic) con tal bizarría y denodado patriotismo fué(sic) el primer cuerpo de guerra del mismo Ejército de Oriente en hacer frente al enemigo que profana la sagrada tierra de libertad llamada México, avanzando al grito horrísono de ¡Viva la Patria! ¡Viva la Nación Libre!¡Vivan nuestras montañas! ¡Viva Tetela! ¡Mueran los Invasores de la degradada Francia!.

TEXTO tomado de Wikipedia.