lunes, 29 de septiembre de 2008

Shakespeare: Una nueva biografía.


La Vanguardia, diario Catalán, publica recientemente la entrevista que le hace Xavi Ayén a Peter Ackroyd, ensayista británico que recién publicó una nueva biografía de William Shakespeare. He aquí un nuevo libro para leer. A continuación la entrevista:

¿Una biografía de Shakespeare? ¿A estas alturas? Muchos se preguntaron eso al saber que Peter Ackroyd, uno de los grandes del ensayismo europeo, especializado en temas de la historia de Gran Bretaña, había emprendido la ciclópea hazaña de escribir la vida del bardo. Sin embargo, este historiador cultural se ha salido con la suya: que el lector se sienta inmerso en la atmósfera en que se manifestó el mayor 'monstruo' de la literatura universal. Su "Shakespeare. Una biografía" -publicada en inglés en el 2005 y que la editorial Edhasa sacará al mercado el próximo noviembre- es un delicioso recorrido por la historia cultural del siglo XVI, a través de breves capítulos que se extienden por más de 800 páginas. Ackroyd recibió a este diario en su despacho de trabajo en el londinense barrio de Camden.

-Sorprende que tilde usted al más universal de los escritores de "chico de pueblo"...

-Lo era. No nació ni se crió en Londres, sino en la zona rural. Sus padres eran católicos, miembros de una religión perseguida, por lo que tuvieron algunos problemas. Luego se fue a Londres a triunfar, claro.

-Abandonando a su familia...

-En Stratford dejó, efectivamente, a su esposa, Anne Hathaway, y a sus dos hijos, los gemelos Hamnet y Judith, para irse a hacer carrera en Londres. Ya dijo Goethe que "el talento se forma en la tranquilidad, pero el carácter se crea en la gran corriente del mundo". Sin Londres no existiría Shakespeare, es la cuna de su obra, y en su destino estaba irse allá. Pero debió de ser un pacto sensato con su esposa, él era un hombre pragmático.

-Pero ¿por qué no tuvieron más hijos?

-En esos años no existían métodos contraceptivos eficaces, y ella era una mujer fértil, por lo que la única explicación es que no hubo relaciones sexuales frecuentes. Sencillamente, Shakespeare no estaba allí.

-¿Como era el mundo en el que nació?

-La mitad de la población tenía menos de veinte años. Se trataba de una cultura juvenil, con energía y ambición. Londres estaba asolado por las epidemias, que diezmaban la población.

-¿Cuál ha sido su mayor descubrimiento?

-Para mí, su profesionalismo. Esa constante dedicación a la escritura. Crea la figura del escritor comercial, así como el género del teatro histórico tal como lo entendemos. Fue el primer autor moderno, en este sentido. Lo asombroso es que compaginara eso con la proeza lingüística.

-¿En qué sentido fue comercial?

-Creó la idea del escritor que escucha el latido del mercado. El escritor profesional que vive de sus ventas y depende de su audiencia para triunfar y conseguir la independencia real. Fue, asimismo, un hombre de éxito, metido en negocios. Cuando pasó a ser copropietario de la compañía, se preocupaba por que los gastos fueran limitados, y en sus obras no hay efectos especiales ni mucho papel para los secundarios, porque así no les tenían que pagar los ensayos junto a los actores principales.

-¿Era ambicioso?

-Nadie escribe 36 obras en menos de 25 años si no hay algo muy poderoso que le impulsa a hacerlo. Sí, era enormemente ambicioso, astuto, rápido y decidido. No tuvo nada de sentimental. Económicamente, triunfó, incluso alcanzó fama como prestamista, adquirió propiedades y especuló con trigo y malta en época de carestía. Murió muy rico.

-¿No era un poquito rebelde, al menos?

-No. Fue un apologista del poder real, partidario de la obediencia y contrario a todo movimiento popular. Ridiculizó el analfabetismo de la clase baja londinense, y vio la cultura como el elemento que distinguía al caballero de las masas. Se considero un hombre aparte.

-¿Qué tal actor fue?

-Formó parte de compañías como los Queen's Men, que hacían propaganda a favor del gobierno isabelino, los Lord Strange's Men, los Pembroke's Men y los Lord Chambelain's Men. Fue un buen actor, representó sus propios papeles, especialmente los de rey, por su porte decidido y su voz resonante. Casi nunca desempeñó, en cambio, papeles cómicos. Para él, su cometido de actor era importante y, a falta de su familia, formó una auténtica hermandad con sus compañeros. Hizo de actor durante más de veinte años. Aprendió a cantar y bailar, a tocar un instrumento y a dar volteretas como un acróbata.

-¿Qué importancia tuvo el teatro en aquella época?

-Fundamental. En Londres el teatro se convirtió en el medio para entender la realidad. El escenario era un símbolo del planeta entero (por eso, llamaron Globe a la nueva sala) y Londres era la primera ciudad teatral del mundo. Al principio, el teatro y el burdel supusieron una relajación de la moral convencional.

-¿A que se debe su invisibilidad? ¿Por qué sabemos tan poco de él?

-Fue un celoso guardián de su vida privada, al menos en parte. Pero sabemos que era encantador y civilizado.

-¿Qué quiere decir?

-Dulce, cortés, generoso, afable y divertido. Fue definido así por sus contemporáneos. No es el celoso Otelo ni el bullicioso Falstaff. No fue excéntrico ni llamativo, hacía sentir a sus interlocutores en pie de igualdad.

-Vaya, ¿no tenía aura?

-Ese es un gran mito que habría que demoler de una vez. Los hombres y mujeres extraordinarios suelen ser simples. Por muy grandioso que sea el personaje del que hablamos, el 95% de su vida es corriente, poco emocionante y no se diferencia del resto de los mortales. La conversación de los escritores geniales es a menudo normal y previsible. Lo que les diferencia del resto de la humanidad es su producción intelectual.

-¿Por qué dice que era femenino?

-Suele decirse de los actores que llevan la ambigüedad a sus vidas privadas. Su identidad era cambiante, pues era capaz de ver todas las perspectivas de una discusión. No sabemos aún con qué personaje se identifica en "El rey Lear" o en "Troilo y Cresida", porque nada como pez en el agua de la indefinición. Le bastaba pensar algo para convertirse en eso. Es el primer autor moderno, porque muestra la conciencia como algo inestable. Parece que se convertía en las personalidades que describía, en una suerte de rara empatía. De niño, le enseñaron retórica antigua, obligándole a discutir desde uno y otro lado de una argumentación, es decir, a adoptar todos los puntos de vista, lo que le hizo comprender que la verdad es algo maleable y que depende sobre todo de la expresividad del hablante.

-Usted dice que era sexualmente activo...

-Fue un hombre joven en el Londres bullicioso de la época...Existe una tendencia clara de sus enemigos a satirizar sus amoríos.

-Hay muchas obras suyas perdidas. ¿Descubriremos alguna?

-Eso es muy difícil, porque en la época no se guardaba nada. Todo desapareció, la mayoría de dramas de entonces no nos han llegado, Pero Shakespeare fue considerado especial y le publicaron. Hay obras, como "Edmund Ironside, de autoría discutible, que algunos le atribuyen. Y sabemos que existió, por ejemplo, "Trabajos de amor ganados", que sería la segunda parte de "Trabajos de amor perdidos".

-Usted muestra cómo plagiaba...

-Entonces era algo normal. Robó o copió algunos versos... Las obras se iban construyendo y modificando con el tiempo, cambiaban cosas constantemente, para adaptarlas a los nuevos actores. Producía a demanda, escribía muy rápido, quería amasar una fortuna... Todas las obras que hoy tenemos como sacrosantas son, en realidad, una versión provisional.

-Y hay incluso quien dice que Shakespeare fue un seudónimo colectivo...

-Eso sostienen algunos autores, desafiando a la lógica. Está claro que Shakespeare colaboró con otros y que entonces había obras que hacían entre cuatro o cinco. Pero lo excepcional de Shakespeare es que precisamente él sí conservó la autoría de las obras, no se la cedió a la compañía, como era habitual. A pesar de ello, otros autores añadieron textos a los suyos, hay rasgos claros en "Macbeth" u "Otelo".

-¿Y él escribió todo lo que se le atribuye?

-Prácticamente seguro.

-¿Qué opina del intento del agente Andrew Wylie de que la obra de Shakespeare vuelva a generar derechos de autor, para la compañía heredera de la que editó sus obras?

-No conozco bien el caso, pero no creo que esa idea vaya muy lejos. Existe un cierto consenso en aceptar que la obra de autores muertos hace más de cien años debe ser patrimonio común.

-¿Por qué compara a Shakespeare con Dickens?

-Hay curiosos paralelismos. Tuvieron gran éxito, escribían sin interrupción, ninguno tuvo educación universitaria... Eso es una paradoja que hace pensar: los mayores escritores que ha dado la lengua inglesa vienen de unos medios modestos, sin educación superior. Shakespeare aprendió gramática y retórica latinas en la escuela básica.

-¿Era él consciente del don que tenía?

-No lo sé, es una pregunta dificil de responder. Probablemente lo fuera.

-A usted le han llamado "más sociólogo que biógrafo"...

-Mmm... Por supuesto, intento hacer eso, describir el entorno. No simplemente hablar de una persona, porque para narrar una vida que tuvo lugar siglos atrás es esencial que el lector sienta cuá era el ambiente. De hecho, quise escribir sobre Shakespeare porque me interesaba explorar el siglo XVI en Londres y creí que era una buena oportunidad para captar el espíritu de una era.

-Dicen que usted trabaja desde las 7 e la mañana a las 9 de la noche. ¿Es verdad?

-Eso era cuando era joven. Ahora, de las 10 de la mañana a las 7 de la tarde.

-¿Qué tal poeta fue?

-Muy importante. Es un enigma el porqué dejó su carrera poética para centrarse únicamente en el teatro. Sus sonetos se cuentan entre las composiciones más finas y elegantes de ese período. Pero, a fin de cuentas, la poesía forma parte de toda su obra y, por sus obras teatrales, ya es el más grande poeta de su siglo.

-¿Cuál fue la primera biografía sobre Shakespeare?

-La de Nicholas Rowe en 1709.

-¿Y la que más le gusta a usted?

-No sabría decirle, las he leído casi todas, pero no por placer sino para obtener informacion.

-¿Cuál es su sistema de trabajo?

-Tengo dos ayudantes, viajo, leo libros, hago fichas y una estructura que voy rellenando... No hay grandes secretos.

-Háblenos de su faceta como novelista, porque usted tambiñen ha sido finalista del premio Booker.

-Acabo de publicar "The casebook of Victor Frankenstein", una novela gótica en la Inglaterra del XIX. Nunca he escrito sobre los románticos de modo biográfico sino solo de manera ficticia, pero en el fondo es lo mismo, siempre intento captar un ambiente, el espíritu de un tiempo. Como en "Londres" (2000), mi historia de la ciudad, que es el libro que más he disfrutado escribiendo. Ahora he acabado un libro largo sobre Venecia, que saldrá este año. Para mí no hay diferencia entre ficción y no ficción.

-Impresiona la lista de sus biografiados: Eliot, Thomas Moore, Dickens, Ezra Pound, Blake, Chaucer, Newton, Turner, Poe...

-No creo que vuelva a escribir largas biografias como esta, me gusta más hablar de ciudades, movimientos. Ya no estoy interesado en las personalidades individuales.

-¿No siente la tentación de emular a Sahkespeare y saltar al teatro?

-Algo de teatro he hecho. Una obra sobre Dickens, que se representó en Broadway. Y varios programas divulgativos para la televisión.

Un desafío a centenares de competidores

Ackroyd, con su fino humor británico y su aspecto de Falstaff erudito, admite que las más de cien biografías que existen sobre Shakespeare (1564-1607) pueden hacer pensar a alguien que ya estaba todo dicho. "Sin embargo, la mía aporta algo único: mi visión propia. Yo pongo énfasis sobre su entorno y el espíritu de toda una época. He querido reflejar cómo era el Londres de aquel tiempo y la profunda transformación del lenguaje que Shakespeare realizó. He pasado mi vida entera escribiendo sobre la herencia cultural inglesa, y supongo que lo que se esperaba de mí era una descripción del lugar donde habitó Shakespeare, de su contexto. Me interesa, sobre todo, el paisaje mental, el suyo y el de todo lo que le rodea. Este ha sido el libro más difícil de todos los que he escrito".

La primera biografía extensa que se publicó sobre Shakespeare fue Life, de Nicholas Rowe, en 1709. Aunque la moda de publicar libros sobre el cisne de Avon nació en la segunda mitad del XIX (Edward Dowden lo hizo en 1875). Desde entonces las editoriales no han cesado en el empeño. A Ackroyd le han calificado, por su visión, de "sociólogo antes que biógrafo", lo que él, sonriente, interpreta como una buena descripción de su método.

Xavi Ayén, La Vanguardia

lunes, 22 de septiembre de 2008

Saramago: para leer un nuevo libro.



Dos noticias de Saramago con las que nos regocijamos: La inauguración de su Blog en http://blog.josesaramago.org/indexspa.php y la publicación de su nuevo libro El Viaje del Elefante, del que Pilar, su compañera, dice: "Escribir este libro no ha sido un paseo por el campo: Saramago comenzó esta tarea cuando estaba incubando una enfermedad que tardó meses en dar la cara y que acabó manifestándose con una virulencia que hizo que los más cercanos temiéramos por su vida. Él mismo, en el hospital, llegó a dudar de que pudiera terminar el libro. Sin embargo, siete meses después, Saramago, restablecido y con nuevos bríos, ha puesto el punto final a una narración que no sabe si llamar novela, y que cuenta el viaje épico de un elefante asiático llamado Salomón que, en el siglo XVI, tuvo que recorrer Europa por caprichos reales y absurdas estrategias...."

He aquí un extracto del nuevo libro que se publica en el mencionado Blog del Premio Nobel.

El Viaje del Elefante

No sopla viento, sin embargo la niebla parece moverse en lentos torbellinos como si el propio bóreas en persona, la estuviera soplando desde el más recóndito norte y desde los hielos eternos. Lo que no está bien, lo confesamos, es que, en situación tan delicada como ésta, alguien venga y se ponga a sacarle lustre a la prosa para añadirle algunos reflejos poéticos sin asomo de originalidad. A esta hora los compañeros de la caravana ya han notado la falta del ausente, dos se han declarado voluntarios para retroceder y salvar al desdichado naufrago, y eso sería muy de agradecer si no fuese por la fama de poltrón que le quedaría para el resto de su vida, Imagínense, diría la voz pública, el tipo allí sentado, esperando que apareciese alguien a salvarlo, hay gente que no tiene ninguna vergüenza. Es verdad que estuvo sentado, pero ahora ya se ha puesto en pie y ha dado valientemente el primer paso, la pierna derecha primero, para exorcizar los maleficios del destino y de sus poderosos aliados, la suerte y la casualidad, la pierna izquierda de repente dubitativa, y no era caso para menos, pues el suelo ha dejado de verse, como si una nueva marea de niebla hubiese comenzado a subir. Al tercer paso ya no consigue ver ni siquiera sus propias manos extendidas hacia delante, como para proteger la nariz del choque contra una puerta inesperada. Fue entonces cuando se le presentó otra idea, la de que el camino tuviera curvas a un lado y a otro, y que el rumbo adoptado, una línea que no sólo quería ser recta, una línea que también quería mantenerse constante en esa dirección, acabara conduciéndolo a páramos donde la perdición de su ser, tanto la del alma como la del cuerpo, estaría asegurada, en el último caso con consecuencias inmediatas. Y todo esto, oh suerte malvada, sin un perro para enjugarle las lágrimas cuando el gran momento llegase. Todavía pensó en volver atrás, pedir abrigo en la aldea hasta que el banco de niebla se deshiciera por sí mismo, pero, perdido el sentido de orientación, confundidos los puntos cardinales como si estuviese en un espacio exterior del que nada supiera, no encontró mejor respuesta que sentarse otra vez en el suelo y esperar que el destino, la casualidad, la suerte, cualquiera de ellos o todos juntos, trajeran a los abnegados voluntarios hasta el minúsculo palmo de tierra en que se encontraba, como una isla en el mar océano, sin comunicaciones. Con más propiedad, una aguja en un pajar. Al cabo de tres minutos, dormía. Extraño animal es este bicho hombre, tan capaz de tremendos insomnios por culpa de insignificancias como de dormir a pierna suelta en vísperas de la batalla. Así sucedió. Entró en el sueño, y es de creer que todavía hoy estaría durmiendo si salomón no hubiera soltado, de repente, en cualquier lugar de la niebla, un barrito atronador cuyos ecos podrían haber llegado hasta las distantes orillas del ganges. Aturdido por el brusco despertar, no consiguió distinguir en qué dirección podría estar el emisor sonoro que había decidido salvarlo de un congelamiento fatal, o peor aún, de ser devorado, porque esto es tierra de lobos, y un hombre solo y desarmado no tiene salvación ante una jauría o un simple ejemplar de la especie. La segunda llamada de salomón fue más potente aún que la primera, comenzó siendo una especie de gorgoteo sordo en los abismos de la garganta, como un redoble de tambores, a la que inmediatamente sucedió el clangor sincopado que forma el grito de este animal. El hombre ya va atravesando la bruma como un caballero disparando la carga, de lanza en ristre, mientras mentalmente implora, Otra vez, salomón, por favor, otra vez. Y salomón le respondió, soltó un nuevo barrito, menos fuerte, como de simple confirmación, porque el naufrago que era ya dejaba de serlo, ya se va acercando, aquí está el carro de intendencia de la caballería, no se le pueden distinguir los pormenores porque las cosas y las personas son como borrones indistintos, otra idea se nos ocurre ahora, bastante más incómoda, supongamos que esta niebla es de las que corroen las pieles, la de las personas, la de los caballos, la del propio elefante, pese a su grosor, que no hay tigre que le meta el diente, las nieblas no son todas iguales, un día se gritará, gas, y ay de aquel que no lleve en la cabeza una celada bien ajustada. A un soldado que pasa, llevando el caballo de las riendas, el naufrago le pregunta si los voluntarios ya han regresado de la misión de salvamento y rescate, y éste respondió a la interpelación con una mirada de desconfianza, como si tuviera delante a un provocador, que haberlos los había en abundancia en el siglo dieciséis, basta consultar los archivos de la inquisición, diciendo secamente, Dónde has ido a buscar esas fantasías, aquí no ha habido ninguna petición de voluntarios, con una niebla así la única actitud sensata es la que adoptamos, mantenernos juntos hasta que se levantara por sí misma, además, pedir voluntarios no es muy del estilo del comandante, en general se limita a apuntar tú, tú y tú, vosotros, adelante, marcha, el comandante dice que, héroes, héroes, o vamos a serlos todos, o nadie. Para hacer más evidente las ganas de acabar la conversación, el soldado subió rápidamente sobre el caballo, dijo hasta luego y desapareció en la niebla. No iba satisfecho consigo mismo. Había dado explicaciones que nadie le pidió, realizado comentarios para los que no estaba autorizado. Sin embargo, le tranquilizaba el hecho de que el hombre, aunque no parecía tener el físico adecuado, debería pertenecer, otra posibilidad no cabía, que se sepa, al grupo de los que fueron contratados para ayudar a tirar y empujar los carros de bueyes en los pasos difíciles, gente de pocas hablas y, en principio, de escasísima imaginación. En principio, dígase así, porque al hombre perdido en la niebla imaginación no parece haberle faltado, vista la ligereza con que sacó de la nada, de lo no acontecido, los voluntarios que deberían haber acudido a salvarlo. Afortunadamente para su credibilidad pública, el elefante es otra cosa. Grande, enorme, barrigudo, con una voz capaz de asustar a los menos timoratos y una trompa como no la tiene ningún otro animal de la creación, el elefante nunca podría ser producto de una imaginación, por muy fértil y propensa al riesgo que fuese. El elefante, simplemente, o existía, o no existía. Es por tanto hora de visitarlo, hora de agradecerle la energía con que usó la salvadora trompeta que dios le dio, si ese sitio fuera el valle de josefat habrían resucitado los muertos, pero siendo sólo lo que es, un pedazo bruto de tierra portuguesa ahogado por la niebla donde alguien, quien, estuvo apunto de morir de frío y de abandono, diremos, para no perder del todo la trabajosa comparación en que nos metimos, que hay resurrecciones tan bien administradas que llega a ser posible su ejecución antes de que le sucedan al propio sujeto. Era como si el elefante hubiese pensado, Ese pobre diablo va a morir, voy a resucitarlo. Y aquí tenemos al pobre diablo deshaciéndose en agradecimientos, jurando gratitud para toda la vida, hasta que el cornaca se decidió a preguntarle, Qué es lo que el elefante ha hecho para que le estés tan agradecido, De no ser por él, yo habría muerto de frío o habría sido devorado por los lobos, Y cómo consiguió eso, si no ha salido de aquí desde que se despertó, No ha necesitado salir de aquí, fue suficiente que soplara su trompeta, yo estaba perdido en la niebla y fue su voz la que me salvó, Si alguien puede hablar de las obras y de los hechos de salomón, soy yo, que para eso soy su cornaca, por tanto no vengas con esas tretas de que has oído un barrito, Un barrito, no, los barritos que estas orejas que la tierra ha de comerse fueron tres. El cornaca pensó, Este fulano está loco de atar, se le fue la cabeza con la fiebre de la niebla, eso es lo más seguro, de casos semejantes se ha oído hablar, Después, en voz alta, Para no quedarnos aquí discutiendo barrito sí, barrito no, barrito quizás, pregúntale a esos hombres que vienen por ahí si han oído algo. A los hombres, tres bultos cuyos difusos contornos parecían oscilar y temblar a cada paso, daban inmediatas ganas de preguntarles, Adónde queréis ir con semejante tiempo. Sabemos que no era ésta la pregunta que el maníaco de los barritos les hacía en este momento, y sabemos la respuesta que le estaban dando. Lo que no sabemos es si alguna de estas cosas están relacionadas unas con otras, y cuáles, y cómo. Lo cierto es que el sol, como una inmensa escoba luminosa, rompió de repente la niebla y la empujó a lo lejos. El paisaje se hizo visible en aquello que siempre había sido, piedras, árboles, barrancos, montañas. Los tres hombres ya no están aquí. El cornaca abre la boca para hablar, pero vuelve a cerrarla. El maníaco de los barritos comenzó a perder consistencia y volumen, a encogerse, se hizo redondo, transparente como una pompa de jabón, si es que los pésimos jabones que se fabricaban entonces eran capaces de formar esas maravillas cristalinas que alguien tuvo el genio de inventar, y de repente desapareció de la vista. Hizo plof y se esfumó. Hay onomatopeyas providenciales. Imagínense que teníamos que describir el proceso de evaporación del sujeto con todos los pormenores. Serían necesarias, por menos, diez páginas. Plof.

NdB ¡Lo esperamos en las librerías!

lunes, 15 de septiembre de 2008

"El Credo" de Ricardo López Méndez

A la Patria, en el día de la Patria:
I
México, creo en ti
como en el vértice de un juramento.
Tú hueles a tragedia, tierra mía,
y sin embargo ríes demasiado,
acaso porque sabes que la risa
es la envoltura de un dolor callado.

II

México, creo en ti,
sin que te represente en una forma
porque te llevo dentro, sin que sepa
lo que tú eres en mí; pero presiento
que mucho te pareces a mi alma,
que sé que existe, pero no la veo.
III
México, creo en ti,
en el vuelo sutil de tus canciones
que nacen porque sí, en la plegaria
que yo aprendí para llamarte Patria:
algo que es mío en mí como tu sombra,
que se tiende con vida sobre el mapa.
IV
México, creo en ti,
en forma tal que tienes de mi amada
la promesa y el beso que son míos,
sin que sepa por qué se me entregaron:
no sé si por ser bueno o por ser malo,
o porque del perdón nazca el milagro.
V
México, creo en ti
sin preocuparme el oro de tu entraña:
es bastante la vida de tu barro
que refresca lo claro de las aguas,
en el jarro que llora por los poros
la opresión de la carne de tu raza.
VI
México, creo en ti,
porque creyendo te me vuelves ansia
y castidad y celo y esperanza.
Si yo conozco el cielo, es por tu cielo,
si conozco el dolor, es por tus lágrimas
que están en mí aprendiendo a ser lloradas.
VII
México, creo en ti,
en tus cosechas de milagrerías
que sólo son deseo en las palabras.
Te consagras de auroras que te cantan
¡y todo el bosque se te vuelve carne!,
¡y todo el hombre se te vuelve selva!
VIII
México, creo en ti,
porque nací de ti, como la flama
es compendio del fuego y de la brasa;
porque me puse a meditar que existes
en el sueño y materia que me forman
y en el delirio de escalar montañas.
IX
México, creo en ti,
porque escribes tu nombre con la equis,
que algo tiene de cruz y de calvario;
porque el águila brava de tu escudo
se divierte jugando a los volados
con la vida y, a veces, con la muerte.
X
México, creo en ti,
como creo en los clavos que te sangran,
en las espinas que hay en tu corona,
y en el mar que te aprieta la cintura
para que tomes en la forma humana
hechura de sirena en las espumas.
XI
México, creo en ti,
porque si no creyera que eres mío
el propio corazón me lo gritara,
y te arrebataría con mis brazos
a todo intento de volverte ajeno
¡sintiendo que a mí mismo me salvaba!
XII
México, creo en ti,
porque eres el alto de mi marcha
y el punto de partida de mi impulso.
¡Mi credo, Patria, tiene que ser tuyo,
como la voz que salva y como el ancla...!
Ciudad de México, 1940.
Ricardo López Méndez (El Vate querido)

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Te recuerdo: Fernando Espejo

"Nosotros nos quedamos un rato más aquí, con las palabras a medio balbucir, doliendo, en la garganta" (F.E. a Juan Duch) Así quedamos Fer.

A un año de tu partida te recuerdo con cariño mi Fer y a tu vieja casa me asomo para verte:

Un muro blanco, ciega arquitectura,
una tapia blanca sin puertas es mi casa;
a sus estancias sólo el tiempo pasa
y sólo a mis recuerdos, su estructura.
.
Mi nostalgia costura y descostura
la trama de mi infancia y su argamasa,
una ausencia baldía me traspasa
y la maleza arraiga en mi aventura.
.
¿Dónde acabó mi amor el más pequeño,
del que nunca pudiera sustraerme?
¿Quién será ahora de ese tiempo el dueño?
.
Nadie más allí habita, nadie duerme...
pero que sepan que yo en ella sueño
y en ella vivo, por si quieren verme.



Soneto tomado de
Inventario
Antología Personal de
Fernando Espejo.
(Para más... pinche aquí)

sábado, 6 de septiembre de 2008

NORTEAMÉRICA: Palin et al. en el otro lado del cuadrilatero:



En ese espectáculo mediático que ofrecen los norteamericanos al mundo cada cuatro años, hoy aparecen en la esquina de los recalcitrantes estos dos personajes. Ella, "mujer ejemplar de familia" por la forma en que aparentemente cuida y se preocupa por sus hijos, que rebasa a Bush por la derecha y que representa al pequeño pensar de lo más profundo de Norte América, parece que es la verdadera candidata a la presidencia. Él la escogió para replegarse y tal vez ¿para ganar? apelando a lo más reaccionario del imperio.
¡Qué claro pinta esta contienda electoral en los Estados Unidos la dicotomía de la sociedad americana: los dos bandos irreconciliables de la sociedad imperial. De ahí el fragor y la intensidad de la pugna por el poder en esta ocasión en el vecino del norte!
No recuerdo una polarización tan extrema en la historia electoral reciente de aquel país aunque la tendencia en este sentido era evidente desde la elección del 2004.
Al final de esta lucha implacable de facciones opuestas, ¿será que veremos refrendarse el predominio del conservadurismo y del pensamiento retrógrada, para que sigan "guiando" al mundo caótico en que nos tocó vivir? ¡Por el momento (07-09-08) Gallup dice que sí! Por un margen estrecho del 4%, pero que sí. Que vamos a tener más de lo mismo pero peor los próximos años.